Buenas tardes, queridos/as amigos/as.
Nuevamente estoy aquí para recordar cositas de mi libro “Barrabás, la infancia de un gaditano”. En esta ocasión se trata del capítulo nº 6, que lleva por título“Anatomía de un caballo”.
Su leyenda gira en torno a un precioso caballo de cartón que nos trajeron SS.MM los Reyes Magos, allá por los años 60, a mi hermano José Antonio (q.e.p.d.) y a mi.
Lógicamente, todo juguete guarda una leyenda, y nuestro caballo de cartón no iba a ser menos. Yo no la voy a desvelar aquí, porque para eso está el libro, pero aquellos que la hayan leído estarán de acuerdo en que el título que le puse le viene como “anillo al dedo”.
Una vez escrito este capítulo pensé:
-Y… ¿a quién le puede interesar la historia de un caballo de cartón?, a fin de cuentas no es más que un juguete-…
¡Qué equivocado estaba!
Trasteando documentos pude descubrir que los cantautores Joaquín Sabina y Víctor Manuel (entre otros) tienen escritas sendas canciones al preciado juguete equino.
Ahí no quedó la cosa. También comprobé con alegría que el gran periodista, escritor, articulista y miembro de la Real Academia Española de la Lengua, Arturo Pérez-Reverte, autor de obras tan relevantes como “El Capitán Alatriste”(Don Diego Alatriste y Tenorio), escrito en unión de su hija Carlota, también tiene un artículo dedicado a su caballo de cartón, que terminó sus días como consecuencia de un desafortunado accidente (al igual que ocurrió con el nuestro, aunque el nuestro… fue peor).
Una vez llegado a este extremo, y viendo la importancia de tan singular juguete dije
- ¿A nadie se le ha ocurrido hacerle un monumento? El mundo entero está plagado de estatuas ecuestres, pero el caballo pasa desapercibido, ya que a quien realmente se inmortaliza es al caballero que va a la grupa.
Y…nuevamente, mi asombro tocó “techo”.
Resulta que en Zaragoza (capital), en el Paseo de Echegaray y Caballero, junto al Puente de Piedra, en plena calle, se encuentra el “precioso monumento”.
Se trata de una réplica del caballo de cartón piedra, que Ángel Cordero Gracia, de profesión “retratista” o "minutero" (permitidme llamarle así, en lugar de fotógrafo, por ser más propio de la época), utilizó entre los años 1925 y 1978, en ese mismo lugar, dejando inmortalizado a todo aquél cuyo deseo fuese guardar un recuerdo a lomos del noble bruto.
La obra, cuya autoría es del escultor alcañizano Francisco Rallo, tiene unas dimensiones de 105 centímetros de alto por 40 de ancho, es de bronce, con peana de mármol, y como dije anteriormente, luce majestuosa en plena calle.
Si alguna vez vais por Zaragoza, no olvidéis hacerle una visita, yo tengo familia allí y prometoque cuando vaya, lo primero que haré será buscar al singular caballito, y juntos trotaremos por campiñas imaginarias evocando esos años pretéritos.
Por supuesto, la fotografía será de “obligado cumplimiento”.
Muchas gracias Zaragoza, por tan bonito y merecido homenaje. ¡Ah!... Decidle al caballito que aquí, en Cádiz, tenemos una novia para él que le va a encantar porque es muy bonita. Se llama "Caballa", y aunque no luce en tono dorado como él, la caballa brilla como la plata.
¡Jó!...ahora me doy cuenta de la importancia de los personajes de mi libro.
El ratón Pérez, y el caballo de cartón tienen sus reconocimientos oficiales en Madrid y Zaragoza.
¡Qué pasadaaa…!
A Dios pongo por testigo que yo, cuando escribí el libro, no tenía ni idea que ambos personajes infantiles habían sido tan merecidamente homenajeados.
Así fue, y así lo he contado.
Hasta la próxima, amigos.
Besos y abrazos (según proceda).
Manolo.