Buenas noches queridos amigos. Nuevamente estoy aquí para contaros cositas de las mías.
Tengo que decir que mi “luenga” ausencia no es debida más que a mis ocupaciones y obligaciones que no me dejan tiempo ni para “rascarme”, jajajá…, pero ello no impide que siempre esté maquinando y pensando historias que contaros para que paséis un buen rato.
En esta ocasión, se me ha venido a la memoria una historia que viví cuando adolescente, y que he titulado “EL TAMAÑO NO ES LO QUE IMPORTA”. Cuidado, que no es lo que algunos/as os imagináis, malpensados/as, jajajá…
Corría allá un día en mis tiempos mozos (finales de los años 60) cuando un grupo de amigos decidimos trasladarnos a una localidad cercana a Cádiz, concretamente a San Fernando, llamada también La isla de León, o simple y familiarmente “La Isla”, para asistir a un festival de conjuntos musicales formados por jóvenes de nuestra tierra (Los Gamas, Clan Psicodélico, Los Reader´s, etc.).
El viaje lo hicimos en tren, coincidiendo con otras pandillas de jóvenes que también viajaban hacia el mismo evento, y que al igual que nosotros, no tenían otro medio de locomoción .
Entre los integrantes de mi pandilla, se encontraba uno a quien la madre naturaleza no había sido muy generosa en cuanto a estatura, ya que medía aproximadamente un metro sesenta, mientras que los demás sobrepasábamos el metro setenta y cinco, pero como siempre he creído que todo va proporcionado, lo que le faltaba en estatura le sobraba en inteligencia y desparpajo.
En otra pandilla que viajaba junto a nosotros se hallaba un joven que en aquel tiempo podría ser considerado un gigantón, al medir quizás un metro noventa, o tal vez más.
El alto, y digo “alto” y no grande, porque nuestro amigo, aún siendo más pequeño demostró que el “grande” era él, le señalaba y bromeaba con los suyos haciendo gestos que evidenciaban su mofa, con respecto a su estatura. Todos estábamos indignados y temíamos que en un momento en el tren se armara la de “Dios”, pero evitamos formar una bronca, aunque el alto insistía en su postura de querer ridiculizarlo.
De pronto, y ante la expectación de sus “compis”, se acercó a nuestro amigo y le preguntó con sorna:
- Oye… y tú, ¿por qué eres tan chiquitito? -
Nuestro genial amigo, sin inmutarse respondió con seguridad:
- ¡Hombreee… me alegro que me hagas esa pregunta, así saldrás de duda y podrás dormir esta noche tranquilo, pero mi respuesta es solo para ti ¿vale?
El gigantón, sin borrar su sonrisa sarcástica, y esperando quedar vencedor de su provocada contienda dialéctica, asintió con la cabeza, mientras miraba de reojo a sus amigos, como diciendo “Qué arte tengo… ¿no?”.
- Bueno, pues la respuesta es muy sencilla- dijo nuestro amigo – La razón es que yo soy "HIJO DE UN SOLO PADRE”.
¿Os imagináis la tremenda carcajada?...jajajá… genial, su salida fue genial.
Tanto es así que el grandullón, en su confusión no supo a donde ir, dando una imagen ridícula cual avestruz que busca un hueco para meter la cabeza.
Espero que ese “imprudente” gracioso aprendiera la lección y no volviera a meterse más con nadie que fuera de inferior estatura que él, ya que nuestro amigo le dejó muy claro que “EL TAMAÑO NO ES REALMENTE LO QUE IMPORTA”.
Hasta la próxima, queridos amigos.
Que Dios os bendiga.
Besos y abrazos.
Manolo.