Una breve pincelada, real como la vida misma.
Estoy ante el ordenador, acompañado de mi nieto, Antoñito, que cuenta con seis añitos recién cumplidos, y que muy recientemente ha aprendido a leer.
De repente muestro en pantalla una imagen mía de cuando yo tenía su edad.
Esta imagen va acompañada de mi nombre y apellidos.
Antoñito lee (perfectamente, pero como todo principiante, separando las sílabas):
-Ma…nu…el…Ca…ra…mé…Ma…te…o.-
Se queda pensando, pero inmediatamente me suelta a bocajarro:
-Agüelito, agüelito, tú, cuando eras chico...¿te llamabas igual que ahora?-.
Jajajá…jajajá…jajajá…
Seguidamente, al insertar este comentario me corrige diciendo:
-Agüelito, agüelito…yo no tengo seis añitos, yo tengo seis “años”-.
Yo le respondo:
-¡Uf!... Perdone usted, don Antonio., no volverá a suceder-.
Jajajá…Estos locos bajitos no tienen remediooo…
Besos y abrazos.
Manolo.

