El caso es vender
Hay que ver lo que son capaces de hacer algunos comerciantes por tal vender un artículo, ¿eh?
Anselmo era un joven al que le encantaban los deportes de riesgo.
Jamás se amilanaba, y ante el peligro se superaba a si mismo. Había practicado puenting, alpinismo, y todo un sin fin de deportes de esa índole.
Resumiendo, era un muchacho alegre y feliz, que gozaba de una buena posición, por lo que se permitía darse todos los caprichos.
En una ocasión se enteró que vendían una mini avioneta de esas cuya principal característica es que incluye un ala delta en la parte superior, y que a través de la impulsión de un motor de explosión, permiten recorrer distancias considerables, gozando el piloto de maravillosas vista aéreas, a la vez que siente la sensación de libertad, ya que simplemente va sujeto a un sillón montado sobre una estructura de tubos metálicos.
Él, no se lo pensó dos veces, e inmediatamente se puso en contacto con el vendedor. Tras acordar un precio justo, cerraron el trato, no sin antes ser advertido de que era obligado el uso de un paracaídas, por si ocurría algún siniestro en el aire, que el piloto se salvara de estrellarse contra tierra firme, pero este elemento de seguridad no iba incluido en el precio acordado, porque el que tenía la persona que vendía el aparato se le había averiado, y esos complementos deben soportar grandes pruebas de seguridad.
Así que nuestro intrépido deportista se dirigió a un comercio especializado en la venta de estos artículos. Una vez dentro solicitó al vendedor que le mostrara las existencias y le aconsejara en cuanto a calidad y precio, para elegir el más conveniente.
Lógicamente la relación calidad - precio iban directamente proporcionada, por lo que, sin dudarlo eligió el más caro.
Seguidamente pidió al dependiente que le mostrara su manejo, aunque a simple vista no parecía muy complejo de usar.
El paracaídas, fabricado en vivos colores mostraba en sus laterales tres anillas de vivos colores rojo, azul y verde.
Señalando éstas, el dependiente dijo –Son las anillas de las que hay que tirar para que se despliegue el artilugio. Si usted tuviera necesidad de hacer uso de él, Dios no lo quiera, cuando esté a 500 metros de tierra, deberá tirar de la anilla roja.
Anselmo, prestando toda la atención posible preguntó –Y… si tiro de la anilla roja y no se abre, qué…?-
-No hay de que preocuparse-, dijo con voz firme su interlocutor. -Si se diera ese caso, tire de la anilla azul cuando esté a 300 metros de tierra, porque usted llevará un altímetro verdad?-
Anselmo alargó el brazo izquierdo, quedando al descubierto un impresionante reloj multifunción.
-Bueno…, a ese respecto voy bien equipado-, aseguró, pero si habiendo tirado de la anilla azul tampoco se abriera?-
-Entonces habrá que pasar a la tercera opción, la anilla verde, y eso deberá suceder cuando esté a sólo 100 metros de tierra-.
El joven, poniendo a prueba todo cálculo de probabilidades dijo.
-Yo sé que lo que voy a decir es prácticamente casi imposible, pero quién quita… quién quita. ¿Y si al tirar de la anilla verde, el paracaídas sigue sin abrirse?-
El dependiente, mostrando una exagerada templanza, y restando importancia a la cosa respondió.
-No hay problema…ningún problema, usted me lo trae y yo “se lo cambio”-…
Saluditos para todos.
Manolo.

