Manuel Caramé Mateo.

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viernes, 16 de enero de 2009
...aunque sea un poco tarde.
Feliz Navidad y feliz año, queridos amigos. Aunque no haya estado aquí con vosotros no
os he dejado en el olvido, os lo prometo.

No he podido felicitaros en tiempo y forma porque lo he pasado mal, por circunstancias familiares, pero...

Shhh...agua pasada no mueve molino.

Hoy me he atrevido a colocar este relato que espero sea del agrado de todos, a ver si retomo la
"carrerilla", y vuelvo a consegir que este blog sea lo que era hace unos meses, porque vosotros os
lo merecéis.

Muchas gracias a todos, de corazón.

Sin más, os dejo con el relato.

Que Dios os bendiga.

Manolo.


ESA QUE VA AHÍ, HA ROBADO UN QUESO…

 

¿Recuerdan aquellos contenedores de detergente a los que se les llamaban “tambores”, por su forma cilíndrica y que circularon allá por los años 70/80?

 

¿Sí?, pues… situémonos en esa época.

 

Una mañana cualquiera de un día cualquiera, encontrándome en el centro de Cádiz, entré en unos grandes almacenes para comprar provisiones.

 

Mientras me hallaba inspeccionando las estanterías de productos comestibles y bebestibles para elegir mi compra, ni siquiera podía imaginar lo que se estaba “cociendo” en el pasillo paralelo al mío, donde se hallaban los productos de saneamientos, porque los acopios de mercancías me impedían la visión.

 

Cuando acabé la carga de productos en el carro, lógicamente me dirigí a la caja cuya cola de clientes era menor, pero en esos momentos, una señora que había salido del pasillo de saneamientos se apresuró para situarse en la fila delante de mi.

 

La clientela era numerosa, por ello la cajera, hábilmente iba rauda cobrando, al objeto de descongestionar la hilera de compradores, hasta que le tocó el turno a la señora que me precedía (la de la prisa), tratándose de una mujer que rondaba los cincuenta años.

 

Yo, que siempre he sido muy sagaz, no pasé por alto el hecho de en esos momentos el vigilante jurado del comercio se había situado a su lado, como para abortar una salida repentina de alguien a quien se hubiera sorprendido robando, pero miraba a la señora de delante y no me cuadraba su imagen con la de una “mangante”. Que verdad es que a veces, las apariencias engañan.

 

Seguidamente eché un vistazo a los artículos que ella portaba en el carro, siendo escasos, pero destacando entre ellos un tambor de detergente de una conocida marca, al que se le notaba que le habían despegado el precinto, volviendo a pegarlo seguidamente.

 

Todos sabemos que una vez que un precinto se despega es muy difícil… casi imposible, dejarlo igual que venía en origen.

 

Acto seguido, cuando la mujer subió el tambor de detergente a la cinta transportadora de la caja, esta se paró de repente, accionada claro está por la cajera, a instancia de una señal visual del “Uvejota”, interviniendo éste de inmediato, con cara de circunstancias…

 

-Un momento, señora…que vamos a mirar este tambor…-

 

A continuación, retiró con facilidad el precinto, que ya había sido manipulado, y sacó del interior del tambor un gran queso manchego, cuyo diámetro, aunque algo menor que el del recipiente, se asemejaba bastante.

 

¿Se imaginan cual fue la reacción de la mujer al ser pillada “in fraganti”?

 

Lejos de mostrar arrepentimiento, o pesar por lo sucedido, de pronto, se puso a dar saltos de alegría, mientras repetía constantemente…

 

Oleeé…que alegríaaa…yo que siempre he jugado a la lotería y nunca me ha tocada nada, compro un tambor de “porvo pá lavá” y me toca un queso manchegooo…que alegríaaa…madre…que alegríaaa…

 

La reacción fue tal, que hasta el “uvejota” terminó diciendo a gritos pelados…

 

Que arteee…Diosss…que arteee…

 

Seguidamente, éste le comunicó a la mujer que le habían hecho una grabación donde se veía perfectamente cómo ella abría el tambor y vaciaba una cantidad de detergente, introduciendo a continuación el queso manchego, por lo que debía llevársela a una dependencia interior del establecimiento para cursar la correspondiente denuncia por intento de hurto.

 

La mujer, al verse cogida, sin salida posible, no opuso resistencia. Seguidamente, el vigilante asiéndola de un brazo se la llevó hacia adentro.

 

Los clientes, sin salir de su asombro ante tan insólita situación, mientras esperaban el turno para pagar sus compras, profirieron en voz alta y a coro…

 

ESA QUE VA AHÍ…

HA ROBÁO UN QUESO...

Y LLEVA TÓA LA PRINGUE...

EN EL “PESCUEZO”…

 

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VOCABULARIO

Uvejota.- de V.J. (Vigilante Jurado).

Porvo pá lavá.- Polvos para lavar.

 

Besos y abrazos para todos.

Manolo.

 




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