Buenos días, amigos.
Durante el desayuno (Pan con aceite y azúcar y “migote” includo), hablaremos (mejor dicho, hablo yo, vosotros lo haréis despues, jajajá...) de un asunto, que por suerte o por desgracia está en vanguardia.
La emigración.
Al decir esta palabra, me acuerdo que España también ha sido tierra de emigrantes (y por suerte o desgracia lo sigue siendo, aunque en la actualidad suele ser a nivel nacional, es decir, entre ciudades).
En esta ocasión, me viene a la memoria, allá por la década de 1960, que yo bajaba a hacer unos "mandáos" (recados) a la tienda ubicada en la esquina de mi calle, y coincidí con la entrada en la casa de un vecino que llegaba del “extranjero” (Holanda).
Recuerdo que se me quedó grabado en mente su forma de vestir y la cantidad de maletas y paquetes que portaba en el taxi que lo trajo desde la estación de trenes hasta la entrada al zaguán.
En esos momentos pensé...
¡Ufff!... que suerte para sus hijos. La cantidad de juguetes, caramelos y chocolatinas que traerá dentro de las maletas. Logicamente yo era un niño de pocos años, y un niño...¿en que podía pensar si no?
Seguidamente repasé su indumentaria de arriba a abajo. Consistía en un jersey color gris claro, de lana gorda y cuello vuelto, con motivos "lapones ó esquimales" (esas figuras geométricas de personas, renos y abetos), seguramente elaborado artesanalmente con alguna tricotosa doméstica... ¿Recuerdan?.
Lo complementaba con un pantalón de vestir, de color gris oscuro, cuyos bajos quedaban algo por encima de los tobillos, dejando entrever unas botas de cuero, en bruñido negro, que llevaba metida por dentro de los pantalones, pero que evidenciaban ser botas altas, por las marcas de los bordes que le hacían al andar, a la altura de las pantorrillas.
Eran parecidas a las que actualmente se denominan “vaqueras” de caña alta, y que en la actualidad están al alcance de todos, o casi todos.
A diferencia de hoy, en aquellos tiempos, el que tenía unos simples y ajados zapatos de cuero o unas sandalias, ya iba “bien despachado”, de ahí que me llamara tanto la atención sus botas.
La llegada de mi buen vecino (para mi fue un amigo y un gran hombre en amabilidad y humanidad, a la par que maestro y mentor en las labores pesqueras, con caña del país desde la balaustrada de la Alameda de Apodaca), fue motivo de fiesta aquel día en la calle “Isabel la Católica”.
Oyeee...¿Que pasa allí que hay tanto revuelo?...
¡Ah!, pero ¿no te has enterado?. Es Diego. Acaba de llegar de Holanda...
Mientras, su "tocayo" (que se agenciaba unos cuartos haciendo fotografías en el paseo de la Alameda, y que momentos antes lo había abandonado, para mitigar su sed con un "butano" de cerveza, en el popular almacén llamado “La Tienda Honda&rdquo
, presuroso, había dejado el vaso sobre el mostrador, para salir a su encuentro, sin desaprovechar ocasión, manifestando con una sonrisa...
Hombreee...Diego, me alegro mucho de verteee…
Seguidamente, y cámara en ristre, le lanzó a "bocajarro", su añeja publicidad verbal...
"¿UNA FOTO?...UN RECUERDO PARA TODA LA VIDA...
¡Qué tiempos!…¡qué tiempos!...
Besos y abrazos para todos.
Manolo.

