Queridos amigos, hay comentarios y…comentarios, y entre los comentarios, algunos a mi criterio, dada su relevancia (seguro que compartiréis mi opinión), merecen ser segregados para ocupar un lugar único en este blog.
Eso es lo que ha ocurrido con el comentario del genial Clarín, que dicho sea de paso, y valga la redundancia, a mi me ha dejado “sin comentarios”.
No me extiendo más y os dejo con él, para que vosotros mismos juzguéis.
¡Hala!... a disfrutar.
Besos y abrazos.
Manolo.
P.D.- Nuevamente, FELICIDADES, a todos los participantes, porque el cuento está batiendo record en entradas. Vean…vean…
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INFORMACIóN SOBRE EL ARTíCULO |
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Artículo: |
EL ZÁNGANO (Relato de todos). |
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Fecha: |
Martes, 3 de Junio de 2008, 23:47 |
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EL ZÁNGANO
Comentario a un cuento colectivo de corte tradicional y contenido moderno.
Antes que nada, un poco de historia.
La idea de confeccionar un relato “entre todos” fue de María José, “La Chica del Moño”, propuesta muy bien acogida por el Blog y su titular, un tal Manuel Caramé, Manolo para los amigos. Fue una idea lanzada al viento que había que coger al vuelo, para lo cual, os lo digo de entrada, hay que estar entrenado; más de uno se ha matado intentando coger ideas al vuelo. Pero hete aquí que mi compromiso de escribir un cuento mensual para el blog me dio pie para, de un salto, enganchar la idea de MJ por los pelos y, en lugar de individual, que fuera colectivo, es decir, en unión y buena armonía como los matrimonios bien avenidos que discuten todos los días.
Dicho y hecho, le escribo a Manolo, le mando el inicio del cuento sobre una idea original de un tal Clarin y…, maricón el último. El resto es sabido por todos, aunque nunca se sabe, la historia siempre tiene sus secretos.
Se impone, pues, comentar este cuento, su tema, su desarrollo y el enfoque que ha querido o pretendido darle cada cual. Enfoque que nos hablará, de alguna forma, de la personalidad de su autor o autora.
Lo primero que hay que decir es que “El Zángano” es un remake de la parábola de “El hijo pródigo”, ya sabéis, aquel hijo que le pide a su padre su parte de la herencia y se va a recorrer mundo para volver años después derrotado y desengañado. Pues bien, “El Zángano” lo que hace es que no se encontraba a gusto en su colmena y decide marcharse sin saber muy bien el motivo. Y claro, sin un objetivo en la vida, acostumbrado al zanganeo, hartico de obreras, se mete en otro cuento y volando que te vuela se enamora nada menos que de la hija del rey del cuento que no era su cuento. Un despropósito total que tendría sus consecuencias.
A partir de aquí, cada uno ha hecho su propia interpretación del personaje y de la historia.
Manolo, con su consabida veta humorística, le ha dado a la historia un enfoque cómico, como cómico es, en efecto, que un personaje como El Zángano se vaya por esos mundos de Dios, se meta en un cuento que no es el suyo, se introduzca de rondón en el palacio del rey y se enamore de la reina de la fiesta sin haber dado un palo al agua en su vida, aspecto este que Manolo sabe destacar a las mil maravillas cuando José Alberto va a buscar trabajo, “José Alberto”, nombre con el que María José lo ha bautizado. Un nombre, por cierto, demasiado largo para él, le vendría mucho mejor un nombre simple, más corto, por ejemplo, Tomás, sí, Tomás “El Zángano” le cuadraría mejor, pero María José, vaya usted a saber por qué, le ha llamado José Alberto; que sea ella la que nos explique su ocurrencia. ¿Y cómo se imagina ella al personaje? “Un conquistador carente de escrúpulos, pero muy seductor”. Tal vez por ello fragua contra él una venganza cruel por parte de su amada que estaba hasta el moño de tanta atención, pero cuando se disponía a ponerla en práctica aparecen los guardianes del cuento y el Zángano tiene que salir por pies, digo, por alas, sin saber la que le tenía preparada la gentil princesa del cuento que no era a su cuento. Por eso promete volver.
Pero algo le pasaba al Zángano, algo extraño, algo que él mismo debió intuir, como lo intuyó y captó perfectamente Mali, que lo manda donde suelen ir los que no saben quienes son, ni por donde andan, ni qué les pasa: al psicoanalista. Pretendía el pobre Zángano que le explicara cuál era su papel en la vida. El ingenuo no sabía lo que le esperaba.
Y lo que le esperaba nos lo explica Lucía presentándonos a un psicoanalista que estaba muchísimo peor que el Zángano, y claro, no se anda con chiquitas. No lo tumba en el sofá, ni le pregunta qué le gustaba hacer de pequeño, ni se interesa por sus amores infantiles, ni por sus inclinaciones sexuales…, nada, lo manda directamente a trabajar. Y como es natural y suele suceder, el Zángano salió de la consulta mucho más desorientado de lo que entró. A pesar de lo cual, cosa curiosa, intenta trabajar, o sea que voluntad no le faltaba al hombre, pero no había base, y claro, no se le ocurre otra cosa que pedir un burro y una rana para trabajar cuando cae en manos de Manolo que, encima, lo hace acompañar de una cortesana, compañía muy adecuada, por cierto, para un seductor sin escrúpulos. Pero ni por esas, Mali descubre que el Zángano no sabe hacer la o con un canuto y lo manda al paro a estudiar un curso de ¡protocolo real!, para poder estar cerca de su princesa, lo cual nos hace suponer que no le faltaba inteligencia, pero le sobraba insensatez, pues no se había percatado de que “su” princesa lo quería quitar de en medio. O sea, que estaba realmente enamorado el tonto el haba.
Y he aquí que, de la mano de Lucía, hecho un pincel, camisa de seda, zapatos de charol y encorbatado, se presenta en la corte con su título de Jefe de Protocolo Real bajo el brazo y le pide audiencia al Rey. Es decir, que se mete otra vez en el cuento que no es su cuento, pero en plan fino y con status. Y empieza a soñar…
Y lo que sueña son cosas raras. Que lo que había estudiado en realidad era un curso de portero para guardar la colmena, pero la dejó invadir por las avispas porque en realidad lo que él creyó que había estudiado no era para portero manual, sino automático…, y a partir de ese día fue la “abeja negra” de la colmena. Él, de quien realmente estaba enamorado era de Lucía, una joven campesina preciosa. Y luego resultó que no, que la abeja negra era quien tenía que llevarla ante el rey, luego aparece la abeja Maya y le dice que lo suyo es la política, que se deje de puestos subalternos…, y ya en la apoteosis final todo se trastoca y Manolo convierte el sueño del Zángano en una pesadilla en la que nada es lo que parece y todo se transforma. Un auténtico maremágnum en el que el Zángano se siente perdido, quiere despertar, oye que alguien le canta una canción y, cuando despierta, está de nuevo en su cuento, del que no debió salir nunca. Regresa a la colmena y se da cuenta de que lo quieren, y lo quieren como él es, un Zángano. La diferencia es que ahora ya sabe quien es y cuál es su papel. El sueño que lo ha llevado a un cuento que no era su cuento ha valido la pena.
Como veis, amigas y amigos del Blog, el tema del cuento es un viaje, un viaje que todos, en algún momento de nuestra vida, de una forma o de otra, interna o externamente, tenemos que hacer si es que no hemos hecho. Un tema muy recurrente en literatura. Un viaje al encuentro de uno mismo, de un ideal, de un amor… La vida misma es un viaje.
El viaje más famoso de todos literariamente hablando, el que no deberíais dejar de leer si no lo habéis leído, es el que Homero relata en la Odisea, el viaje de Ulises desde Troya a su patria, Ítaca, donde lo espera su mujer, Penélope, engañando a sus pretendientes destejiendo por la noche lo que tejía durante el día con tal de serle fiel a su embusterísimo marido.
Pero no le anda a la zaga el “viaje” de nuestro inmortal Don Quijote de la Mancha, que convencido de que el mundo se producen toda clase de injusticias, con el amor de Dulcinea por bandera, y convencido de ser el mejor caballero que en el mundo ha habido, se echa al mundo acompañado de su fiel escudero Sancho Panza a impedir abusos y deshacer entuertos.
En definitiva, amigos, una experiencia que ha enriquecido al blog y nos ha divertido. Habrá que tenerlo en cuenta.
Un abrazo
Clarin


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