Buenas tardes, queridos amigos.
Puntual, y como siempre fiel a su promesa, el “MAESTRO” Clarín me ha mandado el relato del mes.
Tanto me ha impactado que no he podido resistir la tentación de preguntarle si era verídico o no, a lo que él, presuroso me ha respondido con todo lujo de detalles.
Tengo que decir que si el relato es bueno, su exposición del mismo no es menos, tanto es así que he decidido ubicarla aquí, como epílogo de tan maravilloso, humano y singular escrito, homenaje a la mujer maltratada.
Primero pongo el escrito, y seguidamente el comentario de su autor. El MAESTRO CLARIN.
A disfrutar de lo bueno…¡Oleeé!…lo mejor para mis amigos.
Mi hermana
Mi hermana Piedad, la más pequeña de la familia, es ya abuela; yo, que soy el mayor de mis seis hermanos, soy padre, pero mis hijos aún no me han hecho abuelo.
La historia de mi hermana es verdaderamente singular. Se casó con diecisiete años con un indeseable que la llevó al altar embarazada -hasta ahí nada de particular, yo también cometí ese desliz- pero luego, tras tener un segundo hijo -el que ahora la ha hecho abuela- tuvo que separarse de él. El muy cabrón no sólo le ponía los cuernos sino que la maltrataba. Todavía me pregunto por qué mis padres permitieron que mi hermana se casara con semejante individuo.
La primera hija -la que asistió a la boda- físicamente se parece al padre, sólo físicamente; en lo demás es una mujer como pocas, pero sigue soltera: no es muy agraciada. No creo que se case, los hombres tienen los ojos en la bragueta. Tiene dos carreras -empresariales y psicología-, trabaja en un banco de interventora y es el fundamento de su madre: sin ella, mi hermana se habría derrumbado.
En cambio mi sobrino, el que acaba de ser padre, se parece a mi hermana, guapa y esbelta. Se fue con el suyo cuando la separación; culpaba a su madre de lo sucedido influenciado por el padre. De la forma en que su padre lo cuidó y se preocupó de él da fe la decadencia física y psíquica en que devino al poco tiempo: se había convertido en un heroinómano irrecuperable, en un delincuente sin esperanza. Y su padre ni se enteró.
Mi sobrino debió tener un momento de lucidez en la negrura de su soledad, cuando ya la mierda le llegaba a la boca, y comprendió que con su padre la ruina. Volvió la cara hacia su madre y acudió a ella en solicitud desesperada de ayuda.
Cuando mi hermana comprobó el estado ruinoso y patético de su hijo llamó al padre para preguntarle qué había hecho con él. Indignado le contestó que lo que él hiciera con su hijo era cosa suya. “Pues has hecho de él un drogadicto” –le espetó con amargura. “¡Mentira, eso es mentira!, mi hijo no es ningún drogadicto, lo que tienes es envidia de lo feliz y contento que está conmigo”.
Sangre, sudor y lágrimas –y no es metáfora- le costó a mi hermana sacar a su hijo del cenagal en que se había metido. Pero consiguió rescatarlo de su mísero estado. Se recuperó, encontró un trabajo, conoció a una chica, la que ahora le ha dado un hijo, se casó por la iglesia con ella y llevan un negocio juntos. Mientras estuvo ingresado en el hospital su padre no fue a verlo ni un solo día.
Mi hermana está enferma, padece de anemia crónica y de fibromialgia. Convive con un chico, también separado, al que conoció antes de consumarse la separación de su marido, pero no quiere volver a casarse, mayormente por su hija, que vive con ella y es su más firme puntal, pero también por miedo: las secuelas que le dejó el que nunca debió ser su marido, la han marcado para siempre. Las dos son felices, todo lo feliz que se puede ser en este mundo en aquestos tiempos que corren, tiempos inciertos de esperanza sitiada.
Mi hermana. Hoy ha sido abuela. Los recuerdos la atormentan, la enfermedad la va minando, pero sigue siendo guapa, la abuela más guapa. Mi hermana. Trabaja en turno de noche en una gasolinera.
Como epílogo el comentario del MAESTRO, que dice así:
El relato lo escribí hace un tiempo, y es duro y real como la vida misma, yo diría que incluso más duro y real que la vida porque de ella vemos lo que queremos ver, raramente somos plenamente conscientes de los dramas cotidianos que desfilan ante nuestros ojos sin que veamos 'realmente' lo que hay detrás. Mi relato es un homenaje, al menos pretende serlo, a la mujer, a la madre, a esa mujer y a esas madres abnegadas que lo dan todo por sus hijos a cambio de nada, aunque les cueste la salud, aunque arriesguen su vida.
Es necesario que la sociedad tome conciencia del terrible problema de la violencia de género, Manolo, no se puede tolerar, no debemos tolerar que haya mujeres maltratadas por sus maridos. El relato no es verídico, pero es real. Hay muchas Piedades, Manolo, y todas son mis hermanas.
Clarín.
Ahora respondo yo.
CHAPÓ, “MAESTRO”, CHAPÓ.
NO TENGO MAS QUE DECIR
ANTE ESCRITOS TAN SINCEROS
QUE DESPUES DE HABER LEÍDO
Y EN MI SENTIR CONMOVIDO
YO ME QUITO MI SOMBRERO.
Un abrazo.
Manolo.



