Manuel Caramé Mateo.

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domingo, 16 de marzo de 2008

Buenas tardes queridos amigos.

Nuevamente estoy aquí para entregaros una obra de Isuyina titulada “SEMILLAS DE VIDA”, que como siempre es genial.

Una vez leída por mí, propongo que en el apartado de comentarios se podría reflejar aquellas semillas que cayeron cerca de cada lector y sus efectos, o consecuencias que acarreó.

Sin más comentario previo os dejo con el magnífico escrito.

Manolo.

 

 

                                        SEMILLAS DE VIDA  

 

 

Una pobre y humilde meiga, semillas de flores blancas sembró. Era muy prontito, muy

de mañana, pero ella bastante preocupada, todo el jardín preparó.

 

Se había quedado sin fuerza, hasta sus palabras se desvanecían antes de pronunciarlas.

Ella pensaba que de esas semillas, crecerían flores de esperanza. Al día siguiente... A la

misma hora, intentó sembrar un gran campo sólo con amapolas, mezclando con las

semillas, unos gramos de amor intenso para que cuando crecieran, se enamorasen las

mariposas.

 

Cuando la meiga se dio cuenta, que de sus semillas nada crecía... En el mundo ya no

existían ni margaritas, ni violetas ni siquiera quedaba un capullito de una bonita rosa.

 

Pero una noche, sin poder dormir, sólo pensaba y pensaba...

Acompañada con la luz de una luna amiga, ensimismada se perdió, muy lejos viajó...

 

En su viaje vivió un sueño, le pareció tan hermoso, que de regreso lo cumplió.

Supo donde estaban las verdaderas semillas. Las sembraría en todo el mundo para

obtener una cosecha mejor.

 

Las guardaba un usurero, que de ellas hacía colección. Él, ignoraba que el mundo se 

había quedado sin ninguna flor. Las miraba y las remiraba, las dedicaba casi todo

el día pura contemplación.

 

La meiga se las pidió amablemente, para hallar la solución...

El usurero al saber, todo lo que la meiga le contó, reflexionó unos instantes y sin

pensarlo más, se las entregó.

 

-Muy consternado le dijo a la meiga-

-Gracias por despertarme de este egoísmo atroz.-

-Para qué las quiero yo sólo, mientras el mundo se queda...

-sin el color de las flores, sin la fuerza de la vida y sin la esperanza del amor.-

 

Y la meiga... Las esparció por el viento.

Las esparció, por todo este maravilloso mundo infinito, pero guardando de cada una,

un diminuto puñadito y para que no se perdieran, las escondió en una de las muchas

y bellas, “condiciones”.  Así, las protegió para siempre de una segura desaparición.

 

Los efectos rápidamente se notaron... Desde entonces todo funcionó.

¡Todos!  hasta la meiga, recuperaron su fuerza y la esperanza crecía con el amor.

Ahora las mariposas de mil colores, revolotean alegres y muy enamoradas, alrededor

de todas las flores que esa adorable  meiga rescató...

 

Moraleja:  A veces... nadie es culpable y menos, si no se sabe lo que se encierra. Pero se

                  es menos culpable aún, si todo lo que se sabe, es porque se sueña.

 

                                 

                                            ISUYINA  -  16/3/08

                                                                                                                               

 

 

 

 

 

 

 

 



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