Buenas tardes queridos amigos.
Nuevamente estoy aquí para entregaros una obra de Isuyina titulada “SEMILLAS DE VIDA”, que como siempre es genial.
Una vez leída por mí, propongo que en el apartado de comentarios se podría reflejar aquellas semillas que cayeron cerca de cada lector y sus efectos, o consecuencias que acarreó.
Sin más comentario previo os dejo con el magnífico escrito.
Manolo.
SEMILLAS DE VIDA
Una pobre y humilde meiga, semillas de flores blancas sembró. Era muy prontito, muy
de mañana, pero ella bastante preocupada, todo el jardín preparó.
Se había quedado sin fuerza, hasta sus palabras se desvanecían antes de pronunciarlas.
Ella pensaba que de esas semillas, crecerían flores de esperanza. Al día siguiente... A la
misma hora, intentó sembrar un gran campo sólo con amapolas, mezclando con las
semillas, unos gramos de amor intenso para que cuando crecieran, se enamorasen las
mariposas.
Cuando la meiga se dio cuenta, que de sus semillas nada crecía... En el mundo ya no
existían ni margaritas, ni violetas ni siquiera quedaba un capullito de una bonita rosa.
Pero una noche, sin poder dormir, sólo pensaba y pensaba...
Acompañada con la luz de una luna amiga, ensimismada se perdió, muy lejos viajó...
En su viaje vivió un sueño, le pareció tan hermoso, que de regreso lo cumplió.
Supo donde estaban las verdaderas semillas. Las sembraría en todo el mundo para
obtener una cosecha mejor.
Las guardaba un usurero, que de ellas hacía colección. Él, ignoraba que el mundo se
había quedado sin ninguna flor. Las miraba y las remiraba, las dedicaba casi todo
el día pura contemplación.
La meiga se las pidió amablemente, para hallar la solución...
El usurero al saber, todo lo que la meiga le contó, reflexionó unos instantes y sin
pensarlo más, se las entregó.
-Muy consternado le dijo a la meiga-
-Gracias por despertarme de este egoísmo atroz.-
-Para qué las quiero yo sólo, mientras el mundo se queda...
-sin el color de las flores, sin la fuerza de la vida y sin la esperanza del amor.-
Y la meiga... Las esparció por el viento.
Las esparció, por todo este maravilloso mundo infinito, pero guardando de cada una,
un diminuto puñadito y para que no se perdieran, las escondió en una de las muchas
y bellas, “condiciones”. Así, las protegió para siempre de una segura desaparición.
Los efectos rápidamente se notaron... Desde entonces todo funcionó.
¡Todos! hasta la meiga, recuperaron su fuerza y la esperanza crecía con el amor.
Ahora las mariposas de mil colores, revolotean alegres y muy enamoradas, alrededor
de todas las flores que esa adorable meiga rescató...
Moraleja: A veces... nadie es culpable y menos, si no se sabe lo que se encierra. Pero se
es menos culpable aún, si todo lo que se sabe, es porque se sueña.
ISUYINA - 16/3/08


