Manuel Caramé Mateo.

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domingo, 06 de enero de 2008
Desde que era un niño he oído decir que los excesos siempre son negativos, pero a mí, la experiencia me ha demostrado que no es así, al menos, dependiendo de que tipo de excesos se trate y quién sea la persona afectada.

Al objeto de que se hagan una idea de la base en la que me sustento para pensar así, resulta que el año pasado, a un amigo que era muy bueno, muy bueno, muy bueno… como le encantaban los dulces, yo, en una carta, pedí a SS.MM. los Reyes Magos que le trajeran “caramelo”, pero sin especificar el motivo de mi petición, ni la cantidad, suponiéndome que ellos, además de magos también eran adivinos, pero no fue así.

Los RR.MM. fueron complacientes, ya que, al preguntar a mi amigo que tal había resultado la regia visita, él respondió…

¡Psééé…! Me dejaron “Un sólo caramelo”.

Ni que decir tiene que les envié otra carta llamándoles ridículos, rácanos, miserables, avaros, etc....

Sólo un caramelo para mi amigo, con lo bueno que había sido, mientras ellos por las calles los tiraban a diestro y siniestro, perdiéndose una parte importante al caer en los desagües, charcos de agua, etc…

Como no recibí respuesta, di por hecho que ellos habrían tomado buena nota, y procurarían ser más exquisitos en los años venideros.

Pues bien…este año, para mí, ha sido el colmo de los colmos (aunque el colmo de los colmos es poner un colmado de colmillos en Estocolmo, jajajá…).

Ante la mala experiencia previamente vivida, en lugar de abogar para que le trajeran cositas buenas a los que se habían portado bien, preferí “recomendar” a un individuo que siempre ha sido un malvado, despectivo, maleducado, prepotente, etc…

Lógicamente, en este caso pedí que le trajeran “carbón”, pero debido a un descuido, y al igual que el año anterior, omití tanto el motivo de mi petición, como la cantidad, y eso fue lo que, a criterio de los RR.MM. alteró mi intención en beneficio suyo.

Mi deseo fue cumplido, pero imagino que recordando la carta tan desagradable que les envié el pasado año en la que les ponía poco menos que “vestidos de limpios”, y ante el temor de que nuevamente volviera yo a las andadas con otra acerba cartita, le enviaron el carbón a este individuo…pero fueron…150.000 toneladas, que llegó en un barco a su nombre.

Hoy, esta persona vive como le da la gana y quiere. No escasea de nada, y…
“Por mi mal deseo, envuelto en riquezas lo veo”.

De todo ello saqué una moraleja…
“El que desea el mal del vecino, el suyo viene de camino”

Seguramente, si yo hubiera pedido también caramelos, él sería tan rico o más de lo que es ahora, pero… eso sí… aquejado de una tremenda “cagalera”, con lo cual me habría dado por satisfecho, jajajá...

Ahora, no sólo tengo que soportar a un pedante, grosero y creído, si no que además él es feliz porque, al igual que el rey Midas, tiene al alcance de su mano todo lo que desea, y lo que más me molesta es que es…gracias a mííí…

En cuanto a SS.MM. esta vez no les puedo decir nada porque además de que ellos cumplieron mi deseo, seguro que me contestarían… “Manué”…a ver si te pones de acuerdo de una vez, y te aclaras… ¡carambaaa…!

En fin...

Dios provee de peine a los calvos, y da pañuelos a los que no tienen nariz.

“Asín” es la vida...¡Ainsssssss…! “asín” es.

Saluditos.
Manolo.

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