Como cada familia media española, la mía acostumbra a comprar en grandes superficies por aquello de que tu eliges los artículos, puedes pagar con la “dita tarjeta”, y si lo deseas te lo llevan a domicilio.
En uno de estos grandes centros de compra, desde hace unos meses, a la entrada del mismo y a modo de recibimiento, se oye una tímida voz proveniente de una mujer joven con cara angelical, que sentada sobre una caja de cervezas o refrescos, junto al acopio de carros, dice:
Buenos días señor/a, (según proceda).
Esta amable joven, que rondará los treinta años, te obsequia gratuitamente con la mejor de sus sonrisas, sin que directamente te pida nada a cambio (sólo la delata un pequeño cuenco de plástico con unas monedas).
Obvio es que pretende una ayuda, y yo, desde primer momento que la vi, acordé con mi mujer que le daríamos la moneda recuperada al devolver el carro, tras la compra.
Así lo hemos hecho desde que la vimos por primera vez, como dije antes, hace meses.
Desde entonces, cuando nos ve llegar, a mi me da la impresión que su saludo y sonrisa son especiales.
Aún siendo los mismos y viniendo de la misma persona, a mi me resultan más entrañables.
No se por qué, pero a esa muchacha le veo cara de buena, es como una “niña grande” a la que la vida posiblemente haya jugado una mala pasada.
A veces pienso “Joooooo, después dicen que el dinero no da la felicidad”, y ese pensamiento me viene porque, ver su cara, su gesto y su sonrisa, al recibir una simple moneda, a nosotros nos hace felices.
Yo, que soy muy observador, hace poco fui testigo de cómo ella abandonaba su lugar de costumbre y entraba en la gran superficie para comprar productos necesarios para sobrevivir (sin lujos ni caprichos), lo que hizo que se afianzara más en mí la idea de que era una buena mujer a la que la necesidad había enseñado a sacar provecho de poco.
Una vez acabada su compra, permaneció algún tiempo más que el resto de los clientes en la caja, ya que pagó con monedas cuya mayoría era de escaso valor, y seguramente provenientes de donde ya sabemos.
Trás reir y bromear con la cajera, evidenciando una sana confianza volvió a su lugar, junto a los carros, donde depositó la bolsa con la compra efectuada, y continuó a la espera de nuevas dádivas, seguramente para proseguir con su honesta compra.
Sucedió que días antes de Navidad, fui solo a esta gran superficie, a comprar un microondas, porque estaban a muy buen precio.
Nuevamente se repitió el amable recibimiento de la joven que fiel a su eventual búsqueda de recursos allí se encontraba, resguardada del frío, con una prenda de abrigo tipo anorak o trenka, de color ROJO INTENSO, con capucha que le cubría la cabeza.
Como lo mio era “llegar y pegar”, esta vez no cogí un carro, sino que cargué la caja precintada con el electrodoméstico y pase por caja, abonando su importe.
La joven, al verme sin carro y cargado “hasta los dientes”, seguro que pensó que en esta ocasión no iba a recibir dádiva, pero se equivocó de todas a todas, ya que antes de salir me ocupé de agarrar en una de mis manos una moneda equivalente al importe de fianza del carro.
Aún así, ella se interesó por despedirme amablemente con su saludo y sonrisa acostumbrados.
¿Se imaginan su cara cuando yo me paré a su vera y le dije….tome la moneda que llevo en esta mano?.
En este caso pienso que la mujer no valoró la moneda, lo que valoró es que yo me interesara por ella, ya que aún cargado, bastante cargado, porque el puñetero microondas pesaba mas que una vaca en brazos, me detuve para socorrerla como siempre lo hice (tonto de mi, porque pude salir a coger un carro, ¿verdad?).
-Gracias…gracias... señor-
-De nada, de nada… señora- Le respondí en los mismos términos y con el mismo respeto con que ella me trataba.
Pero ahí no quedó la cosa. Acto seguido, cuando yo llegaba a mi coche, oí una voz fuerte y clara dirigida hacia donde yo estaba…
-Señor…señor-
- ¿Sííííííííííí? – Respondí.
La respuesta fue clara y concisa:
- FELÍZ NAVIDAD -
Jooooo... esta vez me dejó “fuera de combate”.
Me había llamado de lejos…para desearme FELIZ NAVIDAD.
--- FELÍZ NAVIDAD A TI, SEÑORA DE ROJO, DE LA GRAN SUPERFICIE, POR TU AMABILIDAD Y TU CALOR HACIA TUS SEMEJANTES.
--- FELÍZ NAVIDAD A TI, AMIGO MARROQUI, VENDEDOR DE ALFOMBRAS A DOMICILIO, QUE VINISTE A ESPAÑA TRAS PAGAR UNA FUERTE SUMA, A CAMBIO DE UN TRABAJO FIJO, RESULTANDO TODO UN FRAUDE. ESPERO Y DESEO QUE YA ESTÉS EN TU TIERRA JUNTO A TU MUJER Y TUS HIJOS (Del relato "Una alfombra mágica, trajo el espiritu de la navidad", que se encuentra en la página 3ª de este blog).
--- FELIZ NAVIDAD A TI Y A TU MADRE, AMIGO GITANO, ORGANISTA AMBULANTE, QUE TOCABAS MÚSICA SIN PONER LOS ACORDES. SEGURO QUE ALGUIEN "TE APRENDIÓ" A HACERLO, Y AHORA RIVALIZARAS CON LOS MEJORES (Del relato "Concierto sentido", que se encuentra en la página 3ª de este blog).
Y FELIZ NAVIDAD A VOSOTROS, AMIGOS DEL BLOG, porque vosotros sois……...“FELÍZ NAVIDAD”
QUE DIOS OS BENDIGA A TODOS.
Manolo.
En uno de estos grandes centros de compra, desde hace unos meses, a la entrada del mismo y a modo de recibimiento, se oye una tímida voz proveniente de una mujer joven con cara angelical, que sentada sobre una caja de cervezas o refrescos, junto al acopio de carros, dice:
Buenos días señor/a, (según proceda).
Esta amable joven, que rondará los treinta años, te obsequia gratuitamente con la mejor de sus sonrisas, sin que directamente te pida nada a cambio (sólo la delata un pequeño cuenco de plástico con unas monedas).
Obvio es que pretende una ayuda, y yo, desde primer momento que la vi, acordé con mi mujer que le daríamos la moneda recuperada al devolver el carro, tras la compra.
Así lo hemos hecho desde que la vimos por primera vez, como dije antes, hace meses.
Desde entonces, cuando nos ve llegar, a mi me da la impresión que su saludo y sonrisa son especiales.
Aún siendo los mismos y viniendo de la misma persona, a mi me resultan más entrañables.
No se por qué, pero a esa muchacha le veo cara de buena, es como una “niña grande” a la que la vida posiblemente haya jugado una mala pasada.
A veces pienso “Joooooo, después dicen que el dinero no da la felicidad”, y ese pensamiento me viene porque, ver su cara, su gesto y su sonrisa, al recibir una simple moneda, a nosotros nos hace felices.
Yo, que soy muy observador, hace poco fui testigo de cómo ella abandonaba su lugar de costumbre y entraba en la gran superficie para comprar productos necesarios para sobrevivir (sin lujos ni caprichos), lo que hizo que se afianzara más en mí la idea de que era una buena mujer a la que la necesidad había enseñado a sacar provecho de poco.
Una vez acabada su compra, permaneció algún tiempo más que el resto de los clientes en la caja, ya que pagó con monedas cuya mayoría era de escaso valor, y seguramente provenientes de donde ya sabemos.
Trás reir y bromear con la cajera, evidenciando una sana confianza volvió a su lugar, junto a los carros, donde depositó la bolsa con la compra efectuada, y continuó a la espera de nuevas dádivas, seguramente para proseguir con su honesta compra.
Sucedió que días antes de Navidad, fui solo a esta gran superficie, a comprar un microondas, porque estaban a muy buen precio.
Nuevamente se repitió el amable recibimiento de la joven que fiel a su eventual búsqueda de recursos allí se encontraba, resguardada del frío, con una prenda de abrigo tipo anorak o trenka, de color ROJO INTENSO, con capucha que le cubría la cabeza.
Como lo mio era “llegar y pegar”, esta vez no cogí un carro, sino que cargué la caja precintada con el electrodoméstico y pase por caja, abonando su importe.
La joven, al verme sin carro y cargado “hasta los dientes”, seguro que pensó que en esta ocasión no iba a recibir dádiva, pero se equivocó de todas a todas, ya que antes de salir me ocupé de agarrar en una de mis manos una moneda equivalente al importe de fianza del carro.
Aún así, ella se interesó por despedirme amablemente con su saludo y sonrisa acostumbrados.
¿Se imaginan su cara cuando yo me paré a su vera y le dije….tome la moneda que llevo en esta mano?.
En este caso pienso que la mujer no valoró la moneda, lo que valoró es que yo me interesara por ella, ya que aún cargado, bastante cargado, porque el puñetero microondas pesaba mas que una vaca en brazos, me detuve para socorrerla como siempre lo hice (tonto de mi, porque pude salir a coger un carro, ¿verdad?).
-Gracias…gracias... señor-
-De nada, de nada… señora- Le respondí en los mismos términos y con el mismo respeto con que ella me trataba.
Pero ahí no quedó la cosa. Acto seguido, cuando yo llegaba a mi coche, oí una voz fuerte y clara dirigida hacia donde yo estaba…
-Señor…señor-
- ¿Sííííííííííí? – Respondí.
La respuesta fue clara y concisa:
- FELÍZ NAVIDAD -
Jooooo... esta vez me dejó “fuera de combate”.
Me había llamado de lejos…para desearme FELIZ NAVIDAD.
--- FELÍZ NAVIDAD A TI, SEÑORA DE ROJO, DE LA GRAN SUPERFICIE, POR TU AMABILIDAD Y TU CALOR HACIA TUS SEMEJANTES.
--- FELÍZ NAVIDAD A TI, AMIGO MARROQUI, VENDEDOR DE ALFOMBRAS A DOMICILIO, QUE VINISTE A ESPAÑA TRAS PAGAR UNA FUERTE SUMA, A CAMBIO DE UN TRABAJO FIJO, RESULTANDO TODO UN FRAUDE. ESPERO Y DESEO QUE YA ESTÉS EN TU TIERRA JUNTO A TU MUJER Y TUS HIJOS (Del relato "Una alfombra mágica, trajo el espiritu de la navidad", que se encuentra en la página 3ª de este blog).
--- FELIZ NAVIDAD A TI Y A TU MADRE, AMIGO GITANO, ORGANISTA AMBULANTE, QUE TOCABAS MÚSICA SIN PONER LOS ACORDES. SEGURO QUE ALGUIEN "TE APRENDIÓ" A HACERLO, Y AHORA RIVALIZARAS CON LOS MEJORES (Del relato "Concierto sentido", que se encuentra en la página 3ª de este blog).
Y FELIZ NAVIDAD A VOSOTROS, AMIGOS DEL BLOG, porque vosotros sois……...“FELÍZ NAVIDAD”
QUE DIOS OS BENDIGA A TODOS.
Manolo.

