Queridos amigos, yo, gran “cabezota”, sabría que iba a conseguir que Lucía escribiera, y mi objetivo se ha cumplido.
¿Saben el dicho de que “Muchos poquitos hacen un muchito”?, pues eso era lo que yo he observado en los comentarios de mi amiga. También me habréis leído en multitud de ocasiones decir con referencia a ellos que no tienen “desperdicio”.
Con respecto al relato anterior publicado por mi y titulado “Aquella luz roja no era un semáforo”, ella ha hecho una serie de comentarios encadenados que, a mi juicio son dignos de formar parte de un relato, por el interés que ha suscitado en mi, debido al desenfado, frescor y naturalidad con que trata un tema que yo considero delicado.
Como sé que ella no se va a enfadar, y creyendo que debe tener el protagonismo de un escrito en toda regla, me he permitido aglutinarlos y mostrarlos unificados aquí.
Estoy segurísimo que va a ser del agrado de todos y desde aquí aprovecho para decir que una vez hayan leído, a trevés de comentarios muestren su satisfacción para que ella se lance a escribir, por el bien de todos.
¡Jó!, lo que yo creé como una simple página se está convirtiendo en algo muy importante para mi…Isuyina, Mali, Susana Alvarez, Raquel López, Lucía…”QUE MAGNIFICO ELENCO DE BUENAS ESCRITORAS Y POETAS”.
Sin mas dilación os dejo con Lucía y magnífico escrito, que conserva su versión original en el relato de la luz roja.
¡Hala!...a disfrutar.
UNA LUZ VERDE PARA LUCIA
¡Pero… si me había perdido este relato nuevo que me tenía prometido mi amigo Manolo! (Lucía alude al relato titulado “Aquella luz roja no era un semáforo”).
Bueno, bueno…Eso de que él se creía que aquella luz roja era un semáforo...
¡Que me va a decir!, hay que conocerlo todo.
Es bueno ver los ambientes de todo tipo, si no, no se puede opinar.
Otra cosa es "consumir" en esos locales, y lo digo con todo el respeto a los "consumidores" y a los profesionales del medio.
A través de mi trabajo, he tratado con chicas del negocio, en general muchachas tristes metidas en un mundo que no desean, pero del que algunas tampoco quieren salir, porque la compensación económica es mayor que en otros trabajos más humildes.
También he conocido clientes habituales de esos locales, por lo general gente triste, que se ponen la careta de alegría, y que de otra forma nunca tendrían a su alcance mujeres medianamente "buenorras".
Además, tienen el egoísmo de que esas chicas no piden satisfacción…ni cortejo, y eso para una canita al aire es muy egoísta y muy cómodo.
Desde luego, también soy de la opinión de que ni hombres ni mujeres tenemos una igualdad marcada por hormonas, afortunadamente agrego, porque sería aburridísimo y entonces si que para divertirnos tendríamos que recurrir a “luces rojas” sin remedio.
Al final, Manolo va tener razón, terminaré escribiendo un novelón en el blog sin darme cuenta.
¿Saben?, aunque suene paradójico yo tambien estuve de "putiferio" una vez de fui a cenar con unos compañeros de trabajo (sector financiero). Éramos dos chicas y el resto hombres.
Cuando nos cerraron todos los sitios medianamente decentes, uno propuso ir a ver a una clienta suya que recientemente había abierto un local tipo "luz roja", y todos juntos, ni cortos ni perezosos para allá fuimos.
Había muy poquita gente al ser un día laborable, y las chicas estuvieron encantadas de que entre los hombres estuviéramos dos mujeres. Al fin y al cabo pagábamos las copas igual que los señores.
Empezamos una conversación con ellas en la que nos dieron sus puntos de vista sobre el negocio, la dueña era viuda, y ganaba más dinero así que con otro tipo de bar, lo que le permitía sacar adelante a sus hijos con cierta comodidad.
Ella no tuvo ningún escrúpulo en decir que si los tíos eran tontos y pagaban, pues peor para ellos, y mejor para ella.
Empezamos un debate sociológico a altas horas de la noche, indigno de aquel negocio, pero con muchas risas y disparidad de opiniones entre hombres y mujeres.
Lo más divertido fue cuando entró una cuadrilla de caballeros, a los que algún compañero mío saludó.
Se unieron a nosotros, y un par de ellos se empeñaron en que me tomara otra copa.
Yo me negaba porque ya tenía cubierto el cupo, pero aquellos chicos "tan atentos" insistían, mientras manteníamos una charla muy amena, jajajaja…
Entonces vino uno de mis amigos al rescate:
- ¡Eh, que os equivocáis!, que esta chica no es del oficio, sino una colega nuestra...(eran de "la competencia").
Las carcajadas se oyeron a Kilómetros. Porque me habían tomado por una chica de alterne "tonta", jajaja…
Al final terminamos todos juntos riendo y hablando de temas económicos, y de aquel local salimos con el tiempo justo para ducharnos e irnos a trabajar.
La mañana que siguió fue horrible. Nos llamamos por teléfono unos a otros, siguiendo con las risas. Seguro que si las mujeres de mis amigos hubieran sabido que sus maridos habían pasado la noche en una barra americana, se habrían imaginado cualquier cosa, menos lo que habíamos hecho, jajajajajá…
A veces "las apariencias engañan".
Aquella noche de juerga me costó una semana de enfado con mi pareja (y eso que nunca supo que había estado "de señoritas"), pero a pesar de que ya hace tiempo de esto, todavía suelto unas buenas carcajadas con mis colegas y cómplices, cuando lo recordamos.
Yo si sabía que aquella luz roja no era un semáforo
Lucía.
¿Saben el dicho de que “Muchos poquitos hacen un muchito”?, pues eso era lo que yo he observado en los comentarios de mi amiga. También me habréis leído en multitud de ocasiones decir con referencia a ellos que no tienen “desperdicio”.
Con respecto al relato anterior publicado por mi y titulado “Aquella luz roja no era un semáforo”, ella ha hecho una serie de comentarios encadenados que, a mi juicio son dignos de formar parte de un relato, por el interés que ha suscitado en mi, debido al desenfado, frescor y naturalidad con que trata un tema que yo considero delicado.
Como sé que ella no se va a enfadar, y creyendo que debe tener el protagonismo de un escrito en toda regla, me he permitido aglutinarlos y mostrarlos unificados aquí.
Estoy segurísimo que va a ser del agrado de todos y desde aquí aprovecho para decir que una vez hayan leído, a trevés de comentarios muestren su satisfacción para que ella se lance a escribir, por el bien de todos.
¡Jó!, lo que yo creé como una simple página se está convirtiendo en algo muy importante para mi…Isuyina, Mali, Susana Alvarez, Raquel López, Lucía…”QUE MAGNIFICO ELENCO DE BUENAS ESCRITORAS Y POETAS”.
Sin mas dilación os dejo con Lucía y magnífico escrito, que conserva su versión original en el relato de la luz roja.
¡Hala!...a disfrutar.
UNA LUZ VERDE PARA LUCIA
¡Pero… si me había perdido este relato nuevo que me tenía prometido mi amigo Manolo! (Lucía alude al relato titulado “Aquella luz roja no era un semáforo”).
Bueno, bueno…Eso de que él se creía que aquella luz roja era un semáforo...
¡Que me va a decir!, hay que conocerlo todo.
Es bueno ver los ambientes de todo tipo, si no, no se puede opinar.
Otra cosa es "consumir" en esos locales, y lo digo con todo el respeto a los "consumidores" y a los profesionales del medio.
A través de mi trabajo, he tratado con chicas del negocio, en general muchachas tristes metidas en un mundo que no desean, pero del que algunas tampoco quieren salir, porque la compensación económica es mayor que en otros trabajos más humildes.
También he conocido clientes habituales de esos locales, por lo general gente triste, que se ponen la careta de alegría, y que de otra forma nunca tendrían a su alcance mujeres medianamente "buenorras".
Además, tienen el egoísmo de que esas chicas no piden satisfacción…ni cortejo, y eso para una canita al aire es muy egoísta y muy cómodo.
Desde luego, también soy de la opinión de que ni hombres ni mujeres tenemos una igualdad marcada por hormonas, afortunadamente agrego, porque sería aburridísimo y entonces si que para divertirnos tendríamos que recurrir a “luces rojas” sin remedio.
Al final, Manolo va tener razón, terminaré escribiendo un novelón en el blog sin darme cuenta.
¿Saben?, aunque suene paradójico yo tambien estuve de "putiferio" una vez de fui a cenar con unos compañeros de trabajo (sector financiero). Éramos dos chicas y el resto hombres.
Cuando nos cerraron todos los sitios medianamente decentes, uno propuso ir a ver a una clienta suya que recientemente había abierto un local tipo "luz roja", y todos juntos, ni cortos ni perezosos para allá fuimos.
Había muy poquita gente al ser un día laborable, y las chicas estuvieron encantadas de que entre los hombres estuviéramos dos mujeres. Al fin y al cabo pagábamos las copas igual que los señores.
Empezamos una conversación con ellas en la que nos dieron sus puntos de vista sobre el negocio, la dueña era viuda, y ganaba más dinero así que con otro tipo de bar, lo que le permitía sacar adelante a sus hijos con cierta comodidad.
Ella no tuvo ningún escrúpulo en decir que si los tíos eran tontos y pagaban, pues peor para ellos, y mejor para ella.
Empezamos un debate sociológico a altas horas de la noche, indigno de aquel negocio, pero con muchas risas y disparidad de opiniones entre hombres y mujeres.
Lo más divertido fue cuando entró una cuadrilla de caballeros, a los que algún compañero mío saludó.
Se unieron a nosotros, y un par de ellos se empeñaron en que me tomara otra copa.
Yo me negaba porque ya tenía cubierto el cupo, pero aquellos chicos "tan atentos" insistían, mientras manteníamos una charla muy amena, jajajaja…
Entonces vino uno de mis amigos al rescate:
- ¡Eh, que os equivocáis!, que esta chica no es del oficio, sino una colega nuestra...(eran de "la competencia").
Las carcajadas se oyeron a Kilómetros. Porque me habían tomado por una chica de alterne "tonta", jajaja…
Al final terminamos todos juntos riendo y hablando de temas económicos, y de aquel local salimos con el tiempo justo para ducharnos e irnos a trabajar.
La mañana que siguió fue horrible. Nos llamamos por teléfono unos a otros, siguiendo con las risas. Seguro que si las mujeres de mis amigos hubieran sabido que sus maridos habían pasado la noche en una barra americana, se habrían imaginado cualquier cosa, menos lo que habíamos hecho, jajajajajá…
A veces "las apariencias engañan".
Aquella noche de juerga me costó una semana de enfado con mi pareja (y eso que nunca supo que había estado "de señoritas"), pero a pesar de que ya hace tiempo de esto, todavía suelto unas buenas carcajadas con mis colegas y cómplices, cuando lo recordamos.
Yo si sabía que aquella luz roja no era un semáforo
Lucía.


He pensado: voy a leer otro relato ¡y me encuentro a mi misma! alucino, ¡que bochorno!, vaya pareja de conspiradores estais echos Manolo y Mª José, la una me trae aqui sabiendo que me vuelvo loca con un teclado delante y el otro me dá carrete para que comente como quien no quiere la cosa... Os envio la azotaina virtual que os mereceis los dos.