Manuel Caramé Mateo.

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sábado, 22 de septiembre de 2007
Muy buenas tardes queridos/as amigos/as.

A mi amiga Lucía dije en un comentario del relato llamado “Canción de juventud” que narraría lo sucedido una vez que fui sin saberlo a una casa de citas, y como lo que digo lo cumplo ahí va, para quien le pueda interesar.

Hace ahora catorce años, encontrándome veraneando con mi familia fuera de casa, una tarde y de forma improvisada salí de marcha con dos parientes, previa anuencia de las “parientas”.

Los tres salimos como caballos desbocados ya que éramos jóvenes y el mundo se rendía a nuestros pies.

Risas, chistes, anécdotas y alegría fueron nuestros aliados, hasta que llegó el momento de regresar, o al menos eso creí yo, debido a la hora que era.

Enfilamos una carretera oscura como boca de lobo (yo no conocía el lugar, ellos si porque vivían en esa localidad), y pensé…¡vaya!, ya se han equivocado de camino, pero de pronto apareció en la lejanía una luz roja.

Yo dije para mi…¡Jó!, vaya sitio más alejado para colocar un semáforo, en plena carretera.

Según avanzábamos con el coche, me di cuenta que no era ningún semáforo, sino el farol de una casa solitaria y aislada del mundanal ruido (sólo exteriormente).

Una vez allí, y ya apeados del coche, uno de mis acompañantes llamó al timbre de la casa, situado en un lugar estratégico.

De repente noté como alguien trasteaba la mirilla desde el interior. Instantes después se abrió una pesada puerta y de su interior salió una potente música discotequera y haces de luces multicolores, mientras un atlético joven, vestido con pantalón y camiseta negros que evidenciaban sus desarrollados músculos se dirigió a mis acompañantes y los saludó cordialmente.

Entramos, ya desde ese momento empecé a sentirme incómodo ante lo que veía, porque ese ambiente no me agradaba, no iba para nada conmigo, ni con mi forma de ser.

En una lujosa barra de bar, se hallaban varios hombres, la mayoría de edad madura a los que yo, en mi “impresión”, los veía “babeando y satireando” , mientras se comían con sus miradas a unas hermosas jóvenes que se hallaba en el local, sentadas en sendos sofás de los llamados “Chesterfield”. Eso si, todos parecían que se dedicaban a “nadar”, y no porque fueran precisamente buceadores, sino porque sus portes y presencias demostraban que “nadaban en la abundancia”. “Poderoso caballero es Don Dinero”

Mis acompañantes pidieron una cerveza, y yo, siguiendo sus pautas hice lo mismo. De repente una de las jóvenes acomodadas en los “Chester”se levantó y se dirigió a mí, pidiéndome “melosamente” que la invitara.
Yo, amable, me justifiqué diciendo que mi presencia era accidental y que en esos momentos no llevaba dinero (era verdad porque salí de improviso).

Ante sus insistencias y mis negativas optó por retirarse, tomando su relevo otra de las jóvenes, en este caso más atrevida en sus comentarios.

Mientras, yo veía como las demás cogían llaves numeradas de un llavero situado a la entrada de un pasillo, y se perdían por el mismo con un acompañante, seguramente hacia algún reservado. Momentos después volvían y a algunas no les daba tiempo de llegar al sofá ya que otro cliente, situado a su vera esperaba que cogiera otra vez una llave y se perdiera por el pasillo.

Yo, que siempre fui bastante sagaz, me di cuenta como desde detrás del mostrador, un hombre, de fuerte complexión y que dominaba toda la situación, a pesar de que trataba de disimular su verdadero cometido limpiando vasos y copas con un paño, manejaba a la perfección a las muchachas con su mirada y gestos de cabeza.

Tras varios rechazos, y ante una nueva insinuación del fornido “limpia copas”, se me acercó una joven “extranjera” que en castellano “con cierto dejo” me susurró…

¿QUIERES MOJAR?

Tan harto estaba que de repente di una voz…

Noooooooo… yo no me “MEO” en los pantalones desde que tenía dos años, así que, por favor… “Déjame acabar mi bebida tranquilo”.

La joven, dio un salto hacia atrás, respondiéndome malhumorada,…QUE DIRECTO ERES CHICOOOO…

Seguidamente volvió a su puesto en el “Chester”.

De inmediato, y como el que va en busca de presa, se me acercó el musculoso “limpia copas”, y me dijo de forma insinuante, mientras arqueaba las cejas y me estampaba un guiño….

Que noche más maravillosa hace, ¿verdad?

Ahí fue cuando me revolucioné del todo.

Pensé que ese individuo había podido interpretar que yo era homosexual, y seguro que el “musculitos” tendría también algún que otro jóven reservado para estas ocasiones.

Ya no pude más, me levanté del taburete y poniéndome por encima del “maromo”, le dije:

Oiga usted…la noche estará como tenga que estar, pero por detrás…NI EL BIGOTE DE UNA GAMBA…No confunda los términos. Si me ha visto rechazar a estas señoritas es porque yo no sabía a que venía aquí. Para que lo sepa, a mi me está CALENTADO LA CAMA una mujer que, con todos mis respetos, para mi vale mas que todas estas señoritas juntas, así que si no le importa, vaya a enseñar como limpia las copas a otro, por favor.

El hombre, un tanto desconcertado (eso me extrañó, porque yo pensaba que quien regentaba un lupanar debía estar preparado para cualquier situación), se distanció diciéndome…

Perdón señor, no fue mi intención…disfrute de su copa…si le apetece otra, invita la casa.

Ni se imaginan la que se formó cuando llegamos a casa y mis parientes le dijeron a mi mujer que yo había estado con una mulata, jajajá…Mi mayor satisfacción es lo que oí esa noche en boca de mi mujer.

¿Manolo?, jajajá…A Manolo lo conozco bien, por algo es mi esposo, y está muy por encima de eso, así que por mucho que me digáis no me vais a convencer, jajajá…

Tenía 38 años, era joven, quizás otro hubiera aprovechado la ocasión, porque las señoritas estaban para ponerles un piso……….. pero…después…¿Qué?.

Yo en cambio estoy orgulloso de lo que ocurrió y de haber respetado a mi mujer.

¿A que este escrito no se lo cree nadie?, lo sé…lo sé, pero eso me hace ser más fuerte y solo Dios y yo sabemos que es verdad, por eso cada día que pasa mas contento estoy de que las cosas para mi fueran así.

Ahora aprovecho para pedir por favor a quien con lengua fácil dice: “TODOS LOS HOMBRES SON IGUALES” (con referencia a las infidelidades), que lo consideren, ya que pueden hacer daño, o al menos tirar por tierra lo que algunos, con dos “razones” hemos, o mejor dicho, han trabajado toda una vida.

Espero que se saquéis buenas conclusiones de este relato.
Tened en cuenta que es PARTE DE MI VIDA, y mi vida es mi TESORO.

Besos y abrazos para todos.
Manolo.

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