Carlos, hombre metódico y de vida tremendamente responsable y ordenada, se levantó aquella mañana de día laborable a las seis, como era costumbre en él.
Tras asearse y tomas un ligero desayuno, montó en su coche y se encaminó hacia su trabajo, que se encontraba a una hora de distancia con respecto a su hogar.
Para ello tomaba una carretera que había quedado como atajo, al considerarla obsoleta la mayoría de automovilistas, comparada con las carreteras que le rodeaban, pero que a su vez eran mas largas en recorrido, y por tanto llevaba mas tiempo transitar por ellas. Aunque eran mejores en calidad, también es cierto que la afluencia de vehículos era notable, produciéndose a veces y en las horas puntas grandes caravanas. De ahí que nuestro “conservador” amigo eligiera la antigua ruta.
Él jamás había sufrido un percance, porque aunque el estado del firme no era todo lo deseable que uno quisiera, circulaba a una velocidad prudente. Además, el traqueteo de los guijarros acompañaba como percusión en vivo la música dimanante del equipo de música, que siempre ponía para mitigar la soledad de esos momentos, y a su vez espabilarse.
Pero no siempre iban a salir las cosas a pedir de boca. Cuando estaba a mitad de camino, de repente, a la música y el traqueteo se unió un sonoro “ppppffffffffffffffffff”…haciendo la conducción cada vez más dificultosa, por ello nuestro amigo, se vio obligado a reducir la velocidad hasta parar en el arcén.
Seguidamente se colocó el chaleco reflectante, salio del coche, miro la rueda delantera izquierda y…
-¡Cachis en la mar!…que mala suerte, pinchar en el momento mas inoportuno. Bueno, de nada sirve lamentarse, así que ¡vamos!...manos a la obra- Soliloquió Carlos.
Abrió el maletero, sacó la rueda, la llave y cuando fue a echar mano del gato…
-¡Madre miaaaaaaaaa!, ahora recuerdo que el gato se lo presté al vecino y no me lo ha devuelto… ¡uffff!...-
-Hala, y ¿ahora que hago? Estoy a más de media hora de mi casa viajando en coche, así que andando tardaré tres o cuatro veces más, y lo malo es que no recuerdo haber visto ninguna casa a pie de carretera-
Se decía a sí mismo Carlos, que como un autómata se puso a andar hacia el frente, todo ello con la esperanza de que algún automovilista que hubiera decidido aquella mañana hacer su ruta por esa carretera le pudiera prestar su gato, pero era difícil.
Conforme iba avanzando, sus pensamientos afloraban de viva voz.
- Por más…creo que…aproximadamente a un kilómetro de aquí hay una casa. ¡siiiii!.....ahora recuerdo que hay una casa…- dijo esbozando una sonrisa.
- Perooooo…el hecho de que haya una casa no quiere decir que esté habitada y menos en una carretera tan solitaria como esta-
Nuevamente la seriedad asomó a su rostro.
- ¡Caramba!... ¿Por qué pensaré siempre lo negativo? Hasta que no llegue no sabré si está habitada. Seguro que debe haber alguien. Creo recordar en otras ocasiones haber visto luces y humo proveniente de una chimenea y si es así es que está habitada-Nuevamente la sonrisa.
- Pero el hecho de que esté habitada no significa que la persona que viva allí tenga coche. Todo el mundo no lo tiene. ¿Y si éste fuera uno de esos casos?...no me extrañaría nada, con lo mal que se me ha presentado el día-
Carlos siguió pensando en voz alta y continuando su caminata a solas, a la vez que la alegría se escapaba nuevamente de su cara.
- Aunque…a mi no se me ocurriría hacerme una casa en un lugar tan apartado y no tener un vehículo.
Pero, claro…yo no puedo pretender que todo el mundo sea y piense igual que yo. Bueno… esperemos que si tenga coche.
Será lo más lógico.
Si eso es así se acabarán mis problemas porque solo tendré que pedirle prestado el gato y no habrá más que hablar-
Nuevamente la sonrisa.
- Aunque…hay gente para todo en este mundo. ¿Y si es una persona de estas que no se fía de nadie y me dice que no me deja el gato? Seguro que mi no me conoce de nada y tendrá que confiar en lo que yo le diga.
Bueno, no creo que él vaya a pensar que yo me puedo marchar con el gato sin devolvérselo. Después del favor que me hace, seria muy ingrato por mi parte no cumplir. Además, creo que no tengo mal aspecto.
Pero mucha gente hoy no se preocupa de nada, y eso es lo que pasa…que pagamos justos por pecadores.
Seguro que no me lo va a dejar…seguro-
Sigue caminando con cara triste.
- Hay que ver. Todo lo que estoy conjeturando…y a lo mejor es una persona amable, agradable, y puede que hasta nos hagamos amigos. Si es así le dejaré mi tarjeta para invitarle a un almuerzo de agradecimiento por su ayuda, que menos, ¿no? Quien sabe, a lo mejor me monta en su coche y entre los dos ponemos la rueda. Eso sería ideal-
Más camino y nueva sonrisa.
- Pero…no... “no caerá esa breva”, seguro que no, al final no sé como me las voy a arreglar, pero esta situación me va a resultar difícil de resolver, lo presiento-
Se dijo Carlos con total desmotivación, teniendo ya la casa a la vista.
En lo que le quedó de camino hacia ésta, miles de pensamientos opuestos bombardearon su cabeza, hasta que llegó a su meta, cansado y sudoroso.
En esos momentos cruzó los dedos, y jaló varias veces de una cuerda que pendía de la jamba derecha de la puerta, sonando a continuación el tintineo de una campana.
Tras el sonido de unos pasos, la puerta se abrió, apareciendo un hombre de mediana edad, y de aspecto impecable que educadamente dijo.
-Buenos días, ¿Qué se le ofrece?-
Nuestro amigo Carlos, ofuscado y ciego en su objetivo respondió con cara seria y voz de pocos amigos.
-¿Qué se me ofrece? ¿Qué se me ofrece?.
Mire Señor miooo:
SE METE USTED EL GATO POR DONDE LE QUEPAAAA...
¿A MI ME VA A DECIR QUE NO ME DEJA EL GATO?
¿A MI, QUE LLEVO CASI UNA HORA ANDANDO?
USTED NO TIENE CONCIENCIAAAA...
MALA PERSONAAA...
"SIMERGÜENSA", QUE ES USTED UN "SIMERGÜENSA".
(Como colofón del relato centrate en esta última escena. Cierra los ojos e imagínate la cara del dueño de la casa, jajajajá.....)
DEDICADO A:
Mi amiga valenciana Maria José, con un beso.
Mi guapísima sobrina Belinda, con un fuerte beso.
MI amiga Lucía, con un beso
Tras asearse y tomas un ligero desayuno, montó en su coche y se encaminó hacia su trabajo, que se encontraba a una hora de distancia con respecto a su hogar.
Para ello tomaba una carretera que había quedado como atajo, al considerarla obsoleta la mayoría de automovilistas, comparada con las carreteras que le rodeaban, pero que a su vez eran mas largas en recorrido, y por tanto llevaba mas tiempo transitar por ellas. Aunque eran mejores en calidad, también es cierto que la afluencia de vehículos era notable, produciéndose a veces y en las horas puntas grandes caravanas. De ahí que nuestro “conservador” amigo eligiera la antigua ruta.
Él jamás había sufrido un percance, porque aunque el estado del firme no era todo lo deseable que uno quisiera, circulaba a una velocidad prudente. Además, el traqueteo de los guijarros acompañaba como percusión en vivo la música dimanante del equipo de música, que siempre ponía para mitigar la soledad de esos momentos, y a su vez espabilarse.
Pero no siempre iban a salir las cosas a pedir de boca. Cuando estaba a mitad de camino, de repente, a la música y el traqueteo se unió un sonoro “ppppffffffffffffffffff”…haciendo la conducción cada vez más dificultosa, por ello nuestro amigo, se vio obligado a reducir la velocidad hasta parar en el arcén.
Seguidamente se colocó el chaleco reflectante, salio del coche, miro la rueda delantera izquierda y…
-¡Cachis en la mar!…que mala suerte, pinchar en el momento mas inoportuno. Bueno, de nada sirve lamentarse, así que ¡vamos!...manos a la obra- Soliloquió Carlos.
Abrió el maletero, sacó la rueda, la llave y cuando fue a echar mano del gato…
-¡Madre miaaaaaaaaa!, ahora recuerdo que el gato se lo presté al vecino y no me lo ha devuelto… ¡uffff!...-
-Hala, y ¿ahora que hago? Estoy a más de media hora de mi casa viajando en coche, así que andando tardaré tres o cuatro veces más, y lo malo es que no recuerdo haber visto ninguna casa a pie de carretera-
Se decía a sí mismo Carlos, que como un autómata se puso a andar hacia el frente, todo ello con la esperanza de que algún automovilista que hubiera decidido aquella mañana hacer su ruta por esa carretera le pudiera prestar su gato, pero era difícil.
Conforme iba avanzando, sus pensamientos afloraban de viva voz.
- Por más…creo que…aproximadamente a un kilómetro de aquí hay una casa. ¡siiiii!.....ahora recuerdo que hay una casa…- dijo esbozando una sonrisa.
- Perooooo…el hecho de que haya una casa no quiere decir que esté habitada y menos en una carretera tan solitaria como esta-
Nuevamente la seriedad asomó a su rostro.
- ¡Caramba!... ¿Por qué pensaré siempre lo negativo? Hasta que no llegue no sabré si está habitada. Seguro que debe haber alguien. Creo recordar en otras ocasiones haber visto luces y humo proveniente de una chimenea y si es así es que está habitada-Nuevamente la sonrisa.
- Pero el hecho de que esté habitada no significa que la persona que viva allí tenga coche. Todo el mundo no lo tiene. ¿Y si éste fuera uno de esos casos?...no me extrañaría nada, con lo mal que se me ha presentado el día-
Carlos siguió pensando en voz alta y continuando su caminata a solas, a la vez que la alegría se escapaba nuevamente de su cara.
- Aunque…a mi no se me ocurriría hacerme una casa en un lugar tan apartado y no tener un vehículo.
Pero, claro…yo no puedo pretender que todo el mundo sea y piense igual que yo. Bueno… esperemos que si tenga coche.
Será lo más lógico.
Si eso es así se acabarán mis problemas porque solo tendré que pedirle prestado el gato y no habrá más que hablar-
Nuevamente la sonrisa.
- Aunque…hay gente para todo en este mundo. ¿Y si es una persona de estas que no se fía de nadie y me dice que no me deja el gato? Seguro que mi no me conoce de nada y tendrá que confiar en lo que yo le diga.
Bueno, no creo que él vaya a pensar que yo me puedo marchar con el gato sin devolvérselo. Después del favor que me hace, seria muy ingrato por mi parte no cumplir. Además, creo que no tengo mal aspecto.
Pero mucha gente hoy no se preocupa de nada, y eso es lo que pasa…que pagamos justos por pecadores.
Seguro que no me lo va a dejar…seguro-
Sigue caminando con cara triste.
- Hay que ver. Todo lo que estoy conjeturando…y a lo mejor es una persona amable, agradable, y puede que hasta nos hagamos amigos. Si es así le dejaré mi tarjeta para invitarle a un almuerzo de agradecimiento por su ayuda, que menos, ¿no? Quien sabe, a lo mejor me monta en su coche y entre los dos ponemos la rueda. Eso sería ideal-
Más camino y nueva sonrisa.
- Pero…no... “no caerá esa breva”, seguro que no, al final no sé como me las voy a arreglar, pero esta situación me va a resultar difícil de resolver, lo presiento-
Se dijo Carlos con total desmotivación, teniendo ya la casa a la vista.
En lo que le quedó de camino hacia ésta, miles de pensamientos opuestos bombardearon su cabeza, hasta que llegó a su meta, cansado y sudoroso.
En esos momentos cruzó los dedos, y jaló varias veces de una cuerda que pendía de la jamba derecha de la puerta, sonando a continuación el tintineo de una campana.
Tras el sonido de unos pasos, la puerta se abrió, apareciendo un hombre de mediana edad, y de aspecto impecable que educadamente dijo.
-Buenos días, ¿Qué se le ofrece?-
Nuestro amigo Carlos, ofuscado y ciego en su objetivo respondió con cara seria y voz de pocos amigos.
-¿Qué se me ofrece? ¿Qué se me ofrece?.
Mire Señor miooo:
SE METE USTED EL GATO POR DONDE LE QUEPAAAA...
¿A MI ME VA A DECIR QUE NO ME DEJA EL GATO?
¿A MI, QUE LLEVO CASI UNA HORA ANDANDO?
USTED NO TIENE CONCIENCIAAAA...
MALA PERSONAAA...
"SIMERGÜENSA", QUE ES USTED UN "SIMERGÜENSA".
(Como colofón del relato centrate en esta última escena. Cierra los ojos e imagínate la cara del dueño de la casa, jajajajá.....)
DEDICADO A:
Mi amiga valenciana Maria José, con un beso.
Mi guapísima sobrina Belinda, con un fuerte beso.
MI amiga Lucía, con un beso

