Manuel Caramé Mateo.

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lunes, 07 de mayo de 2007
-Ringggggg…..ringgggggg…ringgggggg
Sonó el teléfono en casa de Toribio

¿Digame?, ¿Cómo?, noooo…que va…usted se ha confundido… bueno…sí pero no, verá, le explico, Conchita si vive aquí, lo que pasa es que para obtener esa información que pide deberá usted llamar a la Capitanía de la Zona Marítima. Ellos serán quienes tendrán ese dato, ¿no?, vamos, digo yo.
Halaaaaa…de nadaaaaaa…Adiós, (clic)- Y el amable interlocutor colgó el teléfono.

Desde otra habitación se oyó la voz de Conchita, su mujer, que le preguntaba.
– Tori, ¿quien era?-

La respuesta que obtuvo fue clara y concisa.
– Jajajajá, nadie mujer, nadie, por lo visto era uno que no sabía ni a donde llamaba, porque nada mas descolgar, y antes de que yo hablara preguntó…”CONCHITA, ¿HAY MOROS EN LA COSTA?...¿Será tonto el tio?, jajajá

Al colgar, Toribio había dejado un hueco libre en la línea telefónica que hasta ese momento estaba colapsada, y fue el que aprovechó Eduardo Lares, acaudalado empresario, para llamar al chalet que tenía en la sierra donde había dejado a su mujer, una guapa joven, que en lugar de enamorarse de su físico, se enamoró de parte de su nombre y apellido Eduar “dolares”, jajajá…

Pero Eduardo no pasaba ese detalle por alto, así que a cada momento llamaba a casa para controlar a su joven esposa, ya que los celos le comían las entrañas.

Al oír el teléfono llamando dio un suspiro de tranquilidad y relajamiento, a pesar de que aún tuvo que esperar unas cuantas llamadas antes de que la asistenta cogiera el teléfono, detalle al que Eduardo no le dio mucha importancia porque la asistenta que tenían en esos momentos era nueva, y seguramente aún no había aprendido la ubicación de cada elemento dentro de la casa.

…Rinnnggggg…..ringgggggg…..ringggggggg… ¿diamé? ¿diamé?...¿quién llamassss?- preguntó la mujer del servicio, poniendo voz “fisna”.

-¡Vaya hombre!... menos mal, creí que iba a tener que hacer señales de humo como los pieles rojas…soy Eduardo, el dueño de la casa- dijo un tanto malhumorado.

-¿Qué Eduardo?, pregunto la mujer… (Él, en esos momentos pensó para si, mientras se fijaba en la chaqueta tan corta que llevaba…”Te salvas porque eres una mujer, si no te iba yo a decir que Eduardo soy”)¡…Ahhhh!, es usted el señor de la casa, ¿no?, perdone que no le haya conocido es que como yo traté con su esposa y a usted no tengo el gusto, de conocerle físicamente…

-Es igual, no se preocupe. Está la señora en casa, ¿verdad?, dígale que se ponga-

- Bueno…es que verá…yo…en fin…¿la…la…la…señora?- Dijo la asistenta titubeando-

-Si…si, ¿que le asombra tanto?, la señora de la casa, mi mujer, sabe quién es, ¿verdad?, pues dígale que se ponga, ¡caramba!- Dijo Eduardo nuevamente con tono de pocos amigos.

La empleada no sabía que hacer ni que decir, porque la situación que estaba viviendo jamás la habría podido imaginar. Por un momento se armó de valor y dijo de carrerillas... –La señora en éste momento no se puede poner porque está en el dormitorio y me ha dicho que no la moleste para nada...-

¿Comooooooooooooooooo?, ¿eso ha dicho?, ¿Qué no la moleste para nadaaaa?...Pero, eso no ira conmigo ¿verdad?. Ande…ande…vaya de nuevo y dígale que soy yo, que se ponga inmediatamente al teléfono.

Los pasos de la mujer que les asistía se oyeron alejarse hacia el dormitorio, mientras Eduardo trataba de recibir el más mínimo sonido, de repente escuchó un sonoro…!QUE ME DEJEEEEEEEEE!...

Tras unos breves momentos, la mujer regresó.

-¿Óiaaaa?...señor, ¿está ahí?-

-Pues claro que estoy, ¿dónde si no?, vamos a ver, mi mujer ¿se pone o no?

La empleada denotando cierto nerviosismo y casi sin que las palabras le salieran del cuerpo dijo, -Verá se lo dije y me ha dicho que la deje tranquila, yo he insistido pero como la acompaña un morenazo que está de “muerte”, en la cama, y están haciendo el “chipichusqui” me ha dicho …!QUE ME DEJEEEEEEEEE!.
Seguro que usted mismo lo ha oído a que si?-

Pe..pe..pero ¿que dice?, con un morenazo y en la cama haciendo….uffff que me da algooooooo, yo sabía que ésta me iba a salir rana. Vamos a ver, usted va a hacer lo que yo le diga, ¿si?...

Fíjese que sobre la chimenea hay una escopeta de dos cañones, la dejé yo ahí por si aparecían los cacos. Se encuentra montada y preparada para disparar, solo se necesita apretar el gatillo, así que cójala, vaya al dormitorio y déles un tiro a cada uno. Yo la recompensaré cuando llegue un poco más tarde. Venga espero a ver que sucede.

La pobre mujer sin saber porque le ocurría esto, dijo temblando, -En se..se..se…seguida señor, no se retire-.

Instantes después se oyó…¡pummmmm! ¡pummmmm!. Seguidamente, la sirvienta no se puso al teléfono, sino que a través del mismo se oían golpes y trasteos acompañado de lo que parecía un gemido femenino, terminando en un ¡chafffff…! como si algo de peso cayera en un recipiente lleno de líquido.

Eduardo permaneció a la escucha, por un lado deseando, pero por otro temiendo desvelar quien le iba a responder desde el otro lado.

De repente, nuevos pasos hacia el teléfono acompañados de un jadeo ¡Agff…agff…agff!...
Se…se…señor, ¿está ahí?...agff…agff, agff.

En esos momentos Eduardo dio un suspiro de alivio que casi se sale del cuerpo, diciendo entre nervioso e intrigado, -Siiiiiii…siiiiiiii…estoy aquí, pero cuénteme…cuénteme. ¿Qué tal le ha ido?-

-¡Buffffffffff!...al final bien, pero no ha sido tan fácil, me ha costado trabajo ¿eh?.-

¿Y eso?, ¿Qué pasó?, usted no tenía más que disparar a ambos ¿no?

La mujer respondió -Pues claro, y eso fue lo que hice. El moreno murió al instante, pero su mujer no, entonces la cogí por su rubia melena, la arrastré hasta la piscina y esperé a que se ahogara.

-Pe…pe…pe…pero, ¿Qué dice?...si yo no tengo piscina, además mi mujer tiene el pelo moreno y corto- Dijo el hombre temblando.

-¿Co…co…como dice señor?. Pero óiaaaaaa….¿Usted a que nú…nú…nú…número llama?

Pitttt... pittt… pittt… pittt… pittt… pittt… pittt… pittt… pittt……….

DEDICADO A:
M.O.
Maria José "tímida"
Edurne.
Belinda.
Lucía.

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