¿Quién no ha notado que se le “cae el mundo encima” cuando va conduciendo y en pleno viaje por carretera la Guardia Civil de tráfico le hace señas para que pare el vehículo?
La verdad es que a casi todos nos ha ocurrido. En mi caso, y después de tres décadas con el carné, la única vez que me pararon sólo fue un control rutinario, y el agente se mostró con total corrección, educación y amabilidad. Pero ello no impidió que yo me llevara un susto de muerte, jajajá.
El día de fieles difuntos de hace unos años, llevaba a mi madre al cementerio para colocar flores, y asear el nicho de mi padre. En fin, todo lo que suele hacer ese día tan señalado quien conserva esa tradición.
Al salir con mi vehículo de una vía auxiliar hacia la carretera general, me detuve porque así lo indicaba preceptivamente una señal de “stop”.
En esos momentos pude ver que a unos treinta metros estaba la pareja de Guardias Civiles apostada con sus motos, velando que los conductores circularan con la debida precaución, por lo que la parada se prolongó en tiempo un poco más de lo normal, así me aseguraba que el coche había permanecido totalmente estático.
De repente, al reanudar la marcha uno de los agentes me hizo señas para que me desviara al arcén y parara el vehículo, lo que hice de inmediato, mientras decía entre dientes:
"Adiós, diez mil duros"...
El Guardia se acercó a la ventanilla del coche y tras saludar mano en sien, como corresponde al régimen castrense, me pidió amablemente que le mostrara los papeles del coche.
Al saber cual era la causa por la que se me retenía, suspiré aliviado ya que todo lo llevaba en regla, pero no voy a mentir, no había forma de tranquilizarme.
Como me apeé del coche, y permanecí en todo momento junto al guardia sin moverme, a causa de mi temblor de piernas debí dar la impresión de estar bailando algo parecido a una “bulería”, “sevillana”, “sardana”, etc. “Alegría” no, porque…“los tenía de corbata”, y "más mosqueado que un pavo escuchando una pandereta". En esos momentos no estaba lo que precisamente se podría decir alegre, Jajajá.
El agente procedió a su trabajo, comprobó, y tras saludarme de la misma forma anterior, es decir mano en sien, me devolvió los documentos y me dijo con una sonrisa:
–Todo en regla, muchas gracias, muy amable. Espere que paro la circulación para que pueda salir-
Ambos guardias cortaron el tráfico y dejando la vía libre, el agente que intervino me despidió diciendo:
–Adiós, que pase un buen día-
Yo cortésmente respondí:
-Muchas gracias, buen servicio- y reanudé la marcha.
Claro que, no todos los casos son iguales, sino juzguen ustedes el que relato a continuación.
Antonio, acompañado de su esposa Pilar, de su suegra Gertrudis y de su hijo Jaime, circulaba plácidamente en su utilitario cuando de repente y a pie de carretera vio una señal con la leyenda “Reduzca a 20 Km.”.
Al ver este avisó nuestro amigo disminuyó la velocidad, temiendo algún peligro inminente y conduciendo así durante diez kilómetros, hasta encontrar otro cartel con una nueva leyenda.
“Reduzca a 10 Km.” –Vaya, pues si que tiene que haber peligro por aquí, ¿eh?, mas vale bajar del coche e ir andando-
Pilar, la mujer, le tranquilizó diciéndole que ellos no tenían prisa.
Seguidamente Gertrudis, la suegra, que estaba sorda como una tapia apostilló –Eso, eso, vamos al tele pizza, que yo estoy que me muero de hambre-
Continuaron su ruta durante cinco kilómetros más, hasta encontrar un nuevo cartel,
“Reduzca a 5 Km.”. ¡Ufff!, avanzar a esa velocidad era agobiante. Se podía decir que circulaban a paso de tortuga.
Así otros cinco kilómetros, hasta que finalmente hallaron otro cartel de mayores dimensiones que los anteriores, donde se podía leer:
“Bienvenidos a Reduzca”.
Sin mediar palabra atravesaron el pueblo. Ellos no podían imaginar que a la salida de éste, el destino les depararía una insólita sorpresa.
Justo al lado de un cartel que indicaba el límite del término municipal de Reduzca, una pareja de la Guardia Civil de Tráfico, indicaron a Antonio, nuestro sufrido conductor como comprobarán a partir de ahora, la detención de su vehículo, lo que hizo de inmediato a la vez que se le ponía la cara blanca como el papel.
Se ajustó el chaleco reflectante, como manda la Ley, y se dirigió al guardia más cercano preguntándole tímidamente -Bu…bu…buenos días, ¿Qué es lo que he hecho mal?-
-Nada hombre, nada, tranquilícese- dijo el agente, mientras que Antonio, se veía repentinamente rodeado de una multitud de personas, entre las que se encontraban unos reporteros de televisión con cámara al hombro, dispuestos a filmar lo que allí iba a ocurrir a partir de esos momentos.
Un hombre elegantemente vestido y bastón en ristre se adelantó a los demás y se fundió con nuestro personaje en un abrazo, mientras repetía:
-Felicidades, enhorabuena…-
Las cámaras no paraban de filmar, así que sin entender nada de lo que sucedía, nuestro amigo Antonio preguntó al Guardia Civil:
-Esto es una broma de esas de cámara oculta ¿no? aunque aquí de oculta tiene poco-
El Guardia, se limitó a negar con la cabeza, mientras que obsequiaba una tranquilizadora sonrisa al atónito conductor y familia, que permanecían expectantes en el interior del vehículo.
De pronto, el hombre de porte elegante se identificó como alcalde de Reduzca, y explicó al amigo Antonio que no se trataba de ninguna broma.
Lo que ocurría es que la carretera por donde circulaba había sido costeada por el Ayuntamiento, y cuando se aprobó el proyecto, se decidió en el Pleno Municipal que como recuerdo de éste evento, al automovilista un millón que circulara por ella, le harían entrega de seis mil euros.
-Así que ya sabe de que va la cosa, estará contento, ¿no?- dijo el alcalde.
-¿Contento?, ¡joooooo!, imagínese, ¿Cómo estaría usted en mi lugar?- respondió Antonio.
Seguidamente intervino uno de los agentes de tráfico quien desalojando amablemente a las personas que rodeaban a Antonio le dijo:
-Como es lógico, esto lleva un trasfondo publicitario, por eso están aquí los de televisión, para hacer una entrevista. Ellos dicen que quieren entrevistar antes a su familia, y por último a usted por ser el conductor. ¿Hay algún problema?-
-Ninguno, en absoluto- dijo nuestro protagonista mientras hacia gestos a su familia para que salieran del coche y se colocaran junto a él.
Cuando ya estaban todos preparados, los reporteros empezaron con su trabajo. Primero se dirigieron a Pilar, la esposa, que dicho sea de paso era más bruta que un bocadillo de ladrillos. Tras preguntarle el periodista que le parecía el premio de los seis mil euros que se iban a llevar, respondió:
-Po verá uzté, a mi me pareze mú bien, porque asín, con loz zeiz mil erus, mi marío por fin tendrá dinero pá podé zacarze er casné de conduzí-
Los Guardias se miraron sin dar crédito a lo que oían, mientras Gertrudis, suegra de nuestro personaje, al no haberse enterado de nada debido a su sordera, se hacía con el micrófono y dirigiendo una mirada a los agentes de tráfico decía evidenciando su enfado:
-Zí ya lo dizía yo…zi ya lo dizía yo, que con un coche robáo, y borrasho como una cuba, no se puede ir a ningún láo-
Por último, y como remate de la faena, intervino Jáime, el hijo, a quien todos llamaban Jaimito, quien recriminó a su padre, mientras miraba a los Guardias Civiles.
-¿Lo vé, opá, lo vé, como no son tan mala gente como tu díse?...Anda, anda, eso pá que dispué en el bar, cuando estés como siempre, borracho, te hagas el valiente delante de tus amigos y los pongas a parir.
DEDICADO A
Mi encantadora y querida amiga Edurne, con un gran beso.
A mi querida amiga Gladys a quien le doy la bienvenida a esta página, con un beso y una @-}-}----(flor).
Mi encantadora comentarista y amiga Lucia, con un beso y una @-}-}---(flor).
La verdad es que a casi todos nos ha ocurrido. En mi caso, y después de tres décadas con el carné, la única vez que me pararon sólo fue un control rutinario, y el agente se mostró con total corrección, educación y amabilidad. Pero ello no impidió que yo me llevara un susto de muerte, jajajá.
El día de fieles difuntos de hace unos años, llevaba a mi madre al cementerio para colocar flores, y asear el nicho de mi padre. En fin, todo lo que suele hacer ese día tan señalado quien conserva esa tradición.
Al salir con mi vehículo de una vía auxiliar hacia la carretera general, me detuve porque así lo indicaba preceptivamente una señal de “stop”.
En esos momentos pude ver que a unos treinta metros estaba la pareja de Guardias Civiles apostada con sus motos, velando que los conductores circularan con la debida precaución, por lo que la parada se prolongó en tiempo un poco más de lo normal, así me aseguraba que el coche había permanecido totalmente estático.
De repente, al reanudar la marcha uno de los agentes me hizo señas para que me desviara al arcén y parara el vehículo, lo que hice de inmediato, mientras decía entre dientes:
"Adiós, diez mil duros"...
El Guardia se acercó a la ventanilla del coche y tras saludar mano en sien, como corresponde al régimen castrense, me pidió amablemente que le mostrara los papeles del coche.
Al saber cual era la causa por la que se me retenía, suspiré aliviado ya que todo lo llevaba en regla, pero no voy a mentir, no había forma de tranquilizarme.
Como me apeé del coche, y permanecí en todo momento junto al guardia sin moverme, a causa de mi temblor de piernas debí dar la impresión de estar bailando algo parecido a una “bulería”, “sevillana”, “sardana”, etc. “Alegría” no, porque…“los tenía de corbata”, y "más mosqueado que un pavo escuchando una pandereta". En esos momentos no estaba lo que precisamente se podría decir alegre, Jajajá.
El agente procedió a su trabajo, comprobó, y tras saludarme de la misma forma anterior, es decir mano en sien, me devolvió los documentos y me dijo con una sonrisa:
–Todo en regla, muchas gracias, muy amable. Espere que paro la circulación para que pueda salir-
Ambos guardias cortaron el tráfico y dejando la vía libre, el agente que intervino me despidió diciendo:
–Adiós, que pase un buen día-
Yo cortésmente respondí:
-Muchas gracias, buen servicio- y reanudé la marcha.
Claro que, no todos los casos son iguales, sino juzguen ustedes el que relato a continuación.
Antonio, acompañado de su esposa Pilar, de su suegra Gertrudis y de su hijo Jaime, circulaba plácidamente en su utilitario cuando de repente y a pie de carretera vio una señal con la leyenda “Reduzca a 20 Km.”.
Al ver este avisó nuestro amigo disminuyó la velocidad, temiendo algún peligro inminente y conduciendo así durante diez kilómetros, hasta encontrar otro cartel con una nueva leyenda.
“Reduzca a 10 Km.” –Vaya, pues si que tiene que haber peligro por aquí, ¿eh?, mas vale bajar del coche e ir andando-
Pilar, la mujer, le tranquilizó diciéndole que ellos no tenían prisa.
Seguidamente Gertrudis, la suegra, que estaba sorda como una tapia apostilló –Eso, eso, vamos al tele pizza, que yo estoy que me muero de hambre-
Continuaron su ruta durante cinco kilómetros más, hasta encontrar un nuevo cartel,
“Reduzca a 5 Km.”. ¡Ufff!, avanzar a esa velocidad era agobiante. Se podía decir que circulaban a paso de tortuga.
Así otros cinco kilómetros, hasta que finalmente hallaron otro cartel de mayores dimensiones que los anteriores, donde se podía leer:
“Bienvenidos a Reduzca”.
Sin mediar palabra atravesaron el pueblo. Ellos no podían imaginar que a la salida de éste, el destino les depararía una insólita sorpresa.
Justo al lado de un cartel que indicaba el límite del término municipal de Reduzca, una pareja de la Guardia Civil de Tráfico, indicaron a Antonio, nuestro sufrido conductor como comprobarán a partir de ahora, la detención de su vehículo, lo que hizo de inmediato a la vez que se le ponía la cara blanca como el papel.
Se ajustó el chaleco reflectante, como manda la Ley, y se dirigió al guardia más cercano preguntándole tímidamente -Bu…bu…buenos días, ¿Qué es lo que he hecho mal?-
-Nada hombre, nada, tranquilícese- dijo el agente, mientras que Antonio, se veía repentinamente rodeado de una multitud de personas, entre las que se encontraban unos reporteros de televisión con cámara al hombro, dispuestos a filmar lo que allí iba a ocurrir a partir de esos momentos.
Un hombre elegantemente vestido y bastón en ristre se adelantó a los demás y se fundió con nuestro personaje en un abrazo, mientras repetía:
-Felicidades, enhorabuena…-
Las cámaras no paraban de filmar, así que sin entender nada de lo que sucedía, nuestro amigo Antonio preguntó al Guardia Civil:
-Esto es una broma de esas de cámara oculta ¿no? aunque aquí de oculta tiene poco-
El Guardia, se limitó a negar con la cabeza, mientras que obsequiaba una tranquilizadora sonrisa al atónito conductor y familia, que permanecían expectantes en el interior del vehículo.
De pronto, el hombre de porte elegante se identificó como alcalde de Reduzca, y explicó al amigo Antonio que no se trataba de ninguna broma.
Lo que ocurría es que la carretera por donde circulaba había sido costeada por el Ayuntamiento, y cuando se aprobó el proyecto, se decidió en el Pleno Municipal que como recuerdo de éste evento, al automovilista un millón que circulara por ella, le harían entrega de seis mil euros.
-Así que ya sabe de que va la cosa, estará contento, ¿no?- dijo el alcalde.
-¿Contento?, ¡joooooo!, imagínese, ¿Cómo estaría usted en mi lugar?- respondió Antonio.
Seguidamente intervino uno de los agentes de tráfico quien desalojando amablemente a las personas que rodeaban a Antonio le dijo:
-Como es lógico, esto lleva un trasfondo publicitario, por eso están aquí los de televisión, para hacer una entrevista. Ellos dicen que quieren entrevistar antes a su familia, y por último a usted por ser el conductor. ¿Hay algún problema?-
-Ninguno, en absoluto- dijo nuestro protagonista mientras hacia gestos a su familia para que salieran del coche y se colocaran junto a él.
Cuando ya estaban todos preparados, los reporteros empezaron con su trabajo. Primero se dirigieron a Pilar, la esposa, que dicho sea de paso era más bruta que un bocadillo de ladrillos. Tras preguntarle el periodista que le parecía el premio de los seis mil euros que se iban a llevar, respondió:
-Po verá uzté, a mi me pareze mú bien, porque asín, con loz zeiz mil erus, mi marío por fin tendrá dinero pá podé zacarze er casné de conduzí-
Los Guardias se miraron sin dar crédito a lo que oían, mientras Gertrudis, suegra de nuestro personaje, al no haberse enterado de nada debido a su sordera, se hacía con el micrófono y dirigiendo una mirada a los agentes de tráfico decía evidenciando su enfado:
-Zí ya lo dizía yo…zi ya lo dizía yo, que con un coche robáo, y borrasho como una cuba, no se puede ir a ningún láo-
Por último, y como remate de la faena, intervino Jáime, el hijo, a quien todos llamaban Jaimito, quien recriminó a su padre, mientras miraba a los Guardias Civiles.
-¿Lo vé, opá, lo vé, como no son tan mala gente como tu díse?...Anda, anda, eso pá que dispué en el bar, cuando estés como siempre, borracho, te hagas el valiente delante de tus amigos y los pongas a parir.
DEDICADO A
Mi encantadora y querida amiga Edurne, con un gran beso.
A mi querida amiga Gladys a quien le doy la bienvenida a esta página, con un beso y una @-}-}----(flor).
Mi encantadora comentarista y amiga Lucia, con un beso y una @-}-}---(flor).


BUENO,BUENO , ESTE NO LO HABIA LEIDO.....A POR MAS,AQUI ESTARE ESPERANDO TUS RELATOS, BESOS A LUISA Y PARA TI, TU AMIGA,NEVADITA(HOY)